Autosabotaje silencioso: cuando mejorar da miedo
- Mai Pareja
- 27 dic 2025
- 5 Min. de lectura
Hay personas que no se reconocen en la idea clásica de autosabotaje. No toman decisiones impulsivas, no rompen lo que funciona de forma evidente, no viven en el caos. De hecho, suelen ser personas responsables, conscientes, comprometidas con su proceso personal. Y aun así, cuando algo empieza a ir mejor, algo dentro se frena. No es un desastre repentino. Es más bien una retirada suave.
Por ejemplo: llevas un tiempo más tranquila, con menos ansiedad, durmiendo un poco mejor. No estás eufórica, pero tampoco estás como antes. Y justo cuando podrías empezar a confiar en ese nuevo estado, vuelves a llenar la agenda, retomas hábitos que ya habías soltado o decides que “ahora no es el momento” de seguir profundizando.
O empiezas una relación distinta a las anteriores. No hay intensidad desbordada ni drama, pero sí presencia y cuidado. Y, sin darte cuenta, empiezas a notar incomodidad. Te distraes, te enfrías, encuentras motivos para no quedar o para no implicarte demasiado.
O incluso algo más sutil: estabas haciendo un proceso terapéutico que empezaba a remover cosas importantes, y de repente lo dejas. No porque vaya mal, sino porque “ya has trabajado bastante”, porque “necesitas parar”, porque “ahora estás bien”.
Desde fuera, todo tiene sentido. Desde dentro, también. Y sin embargo, algo se repite: cuando mejorar empieza a ser real, aparece un freno.

No es que no quieras mejorar, es que mejorar tiene consecuencias
Este tipo de autosabotaje no nace de la falta de ganas ni de la falta de compromiso. Nace de una pregunta que el cuerpo se hace antes de cualquier cambio profundo: ¿esto es seguro?
Aunque la mente tenga claro que estar mejor es lo deseable, el cuerpo no funciona con deseos ni con argumentos racionales. Funciona con memoria. Con experiencias pasadas. Con asociaciones inconscientes.
Si durante años tu sistema aprendió que relajarte implicaba bajar la guardia, que estar bien duraba poco, que cuando las cosas iban bien algo se rompía, entonces la mejora no se vive como alivio, sino como riesgo. Por eso muchas personas sienten que justo cuando bajan la ansiedad aparece otra cosa: cansancio, apatía, desconexión, dudas. No porque estén empeorando, sino porque el sistema nervioso sigue en modo protección.
👉 Puedes profundizar más en cómo funciona esto en Sistema nervioso desregulado: cuando el cuerpo vive en modo supervivencia.
El autosabotaje silencioso: cuando no hay drama, pero sí freno
Este autosabotaje no se manifiesta como autodestrucción. Se manifiesta como excusa razonable. No quedas con alguien porque estás cansada. No sigues un proceso porque “ahora no puedes sostenerlo”. No tomas una decisión porque “necesitas más claridad”. No avanzas porque “no es el momento adecuado”. Y puede que todo eso sea verdad. Pero cuando se repite siempre en el mismo punto —justo antes de un cambio real— deja de ser casual.
Muchas personas se culpan en silencio por esto. Se dicen que son incoherentes, que no aprovechan las oportunidades, que siempre se quedan a medias. Y esa culpa solo refuerza el bloqueo. Lo que suele haber debajo no es falta de voluntad, sino una parte interna que asocia el avance con peligro.
Por eso, intentar cambiar solo desde la mente suele fracasar. Puedes entender perfectamente por qué haces lo que haces y aun así seguir haciéndolo.
👉 Si te pasa esto, quizá te resuene también este enfoque: Por qué no puedes cambiar tu mentalidad aunque lo intentes (y qué está pidiendo realmente tu cuerpo).
Cuando mejorar implica dejar un rol que te sostenía
Hay un aspecto del miedo a mejorar que no siempre se tiene en cuenta: mejorar no solo es ganar algo, también es perder algo. A veces implica dejar de ser la fuerte, la que sostiene, la que no necesita, la que puede con todo. O dejar de estar en sintonía con una historia familiar marcada por el sacrificio, la escasez o el sufrimiento.
Muchas personas sienten, sin poder explicarlo, que si están demasiado bien están traicionando algo o a alguien. Que relajarse es deslealtad. Que elegir una vida más amable es una forma de romper un pacto invisible. Cuando esto ocurre, el cuerpo frena. No por maldad, sino por fidelidad. Aquí suele haber lealtades familiares inconscientes actuando, aunque no siempre sean evidentes.
👉Puedes leer más sobre esto en Las señales silenciosas de las lealtades familiares inconscientes: cuando el amor se convierte en mandato.
Entenderlo todo y seguir bloqueada: una frustración muy común
Una de las cosas que más desespera a quienes viven este tipo de autosabotaje es que ya lo han entendido todo. Saben de dónde viene, reconocen el patrón, pueden explicarlo con claridad. Y aun así, el cuerpo no acompaña.
Esto ocurre porque el bloqueo no está en el pensamiento, sino en una experiencia corporal que no terminó de procesarse. El cuerpo guarda experiencias completas, no solo recuerdos. Cuando algo no pudo sentirse del todo en su momento, queda almacenado como tensión, como freno, como alerta.
Aquí es donde suele aparecer el bloqueo emocional, del que hablo con más detalle en Bloqueo emocional: cuando el cuerpo guarda una experiencia completa que no pudo ser procesada.
El autosabotaje como señal de cuidado, no como error
Cambiar la mirada sobre el autosabotaje suele ser un punto de inflexión. Cuando dejas de verlo como un fallo y empiezas a verlo como una señal, algo se afloja.
El freno aparece porque hay una parte que no se siente segura todavía. No necesita ser empujada, necesita ser escuchada. Cuando en lugar de exigirte avanzar te permites acompañar lo que se asusta, el cuerpo empieza a confiar. Y cuando el cuerpo confía, el freno deja de ser necesario.
Acompañar el miedo a mejorar desde el cuerpo
Aquí es donde enfoques corporales como Focusing marcan la diferencia. No porque “arreglen” nada, sino porque permiten escuchar lo que está ocurriendo sin forzarlo. No se trata de analizar más, ni de convencerte de nada, sino de crear un espacio interno donde esa parte que frena pueda expresarse sin ser juzgada.
👉 Si quieres profundizar en esta forma de escucha, puedes hacerlo aquí: Focusing y el lenguaje del cuerpo: cómo escuchar lo que necesitas
Cuando el cuerpo se siente a salvo, el cambio ya no da tanto miedo
Algo importante que muchas personas descubren es que el autosabotaje no desaparece por disciplina ni por fuerza de voluntad. Desaparece cuando deja de ser necesario. Cuando el cuerpo siente que el cambio no implica peligro, pérdida o abandono, el avance ocurre de forma mucho más natural.
Si sientes que este patrón se repite en tu vida, quizá no necesites exigirte más, sino acompañarte mejor. Si te interesa un acompañamiento emocional y energético desde el cuerpo, puedes ver aquí cómo trabajo los procesos individuales y qué tipo de apoyo puede ayudarte en este momento.




Comentarios