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Cómo funcionan las lealtades familiares: las distintas formas de repetir una historia

Actualizado: hace 2 días

Cuando empezamos a mirar el árbol familiar, es normal buscar coincidencias. A veces las encontramos de una forma muy evidente, pero en otras ocasiones no hay ninguna historia que encaje de forma clara. Podemos intuir que existe una vinculación con algún mimenbro del sistema familiar, pero nuestra vida no se parece demasiado a la suya. Y es precisamente aquí donde creo que merece la pena entender un poco mejor cómo funcionan las lealtades familiares.


Dentro de la mirada transgeneracional hay distintas formas de quedar vinculados a determinados miembros de nuestro sistema. Podemos hablar de dobles, de personas que fueron excluidas, de yacentes, de gemelos evanescentes y de otras configuraciones, pero descubrir esas lealtades es solo una parte del trabajo.

Tendemos a pensar que ser leal a alguien significa repetir lo que le ocurrió, pero esa no es la única manera en la que una historia familiar puede aparecer en nuestra vida.

Imaginemos una mujer que fue abandonada por su marido cuando sus hijos todavía eran pequeños. De repente tuvo que hacerse cargo de todo, sacar adelante a su familia y aprender a vivir sin contar con la persona con la que había construido su proyecto de vida. ¿Cómo podría manifestarse esta lealtad en la vida real de un descendiente? Ese descendiente podría encontrarse una y otra vez con parejas que terminan marchándose. También podría tener una pareja estable y no haber vivido nunca un abandono, pero vivir con la sensación de que necesitar a alguien es peligroso. Podría costarle pedir ayuda, apoyarse en su pareja o dejar que alguien la cuide, convirtiéndose en una mujer tremendamente autosuficiente sin relacionar jamás esa manera de vivir con lo que ocurrió generaciones atrás. También podría hacer algo aparentemente opuesto: quedarse. Aguantar relaciones que hace tiempo que dejaron de hacerle bien, sentir una culpa enorme cuando piensa en separarse o asumir que mantener unida a la familia depende de ella. Pero también podría marcharse en cuanto siente que una relación empieza a importarle demasiado porque no quiere sufrir las consecuencias de un abandono.


Todas son manifestaciones distintas de la misma lealtad, pero cuando ampliamos la mirada vemos que todas se están organizando alrededor de la misma cuestión, en este caso, el abandono. Por eso, cuando exploramos una lealtad familiar, no basta con preguntarnos a quién estamos siendo leales. También necesitamos observar de qué manera estamos expresando esa lealtad.



Cuando repetimos una historia


La repetición es probablemente la forma más reconocible de esta lealtad. En nuestro ejemplo sería esa nieta que se encuentra metida repetidamente en relaciones en las que el otro termina alejándose. Pero su pareja no tiene por qué marcharse de casa de un día para otro como hizo su abuelo. Quizá lo que se repite son relaciones con personas emocionalmente poco disponibles, vínculos que nunca terminan de consolidarse o situaciones en las que ella espera mientras el otro se decide.


Cuando miramos solamente los acontecimientos, las historias pueden parecernos muy diferentes, pero cuando empezamos a observar las posiciones que ocupamos dentro de ellas, a veces aparecen similitudes que antes no habíamos visto.


Cuando nos identificamos con alguien


Pensemos ahora en esa otra nieta que nunca ha sido abandonada, pero que ha aprendido a no necesitar a nadie. Puede tener pareja, una familia estable e incluso una relación completamente distinta a la que tuvo su abuela, pero lo resuelve todo sola, le cuesta pedir ayuda y depender de otra persona le genera incomodidad, y posiblemente, desconfianza.


Aquí ya no estamos hablando de vivir el mismo acontecimiento, sino de identificarnos con una posición, una forma de responder o una manera de entender los vínculos. Por eso, cuando trabajo con el árbol, no solo pregunto “a quién le ocurrió algo parecido”, sino "a quién me parezco cuando hago esto.”


Cuando intentamos reparar lo que ocurrió


Volvamos ahora a la mujer que no puede irse. Puede llevar tiempo sabiendo que su relación no funciona, incluso ya haya pensado en separarse, pero cada vez que lo intenta aparece una culpa enorme. Vuelve a intentarlo, da otra oportunidad, comprende las circunstancias del otro o se dice que quizá todavía puede salvar la relación.

Desde fuera podríamos pensar que su historia no tiene nada que ver con la de aquella abuela. A ella la abandonaron y esta mujer, en cambio, es quien no se permite abandonar. Y precisamente ahí puede encontrarse la conexión.


En ocasiones no reproducimos aquello que ocurrió, sino que intentamos darle otro final. Como si hubiera algo que necesitara demostrar que esta vez la familia sí permanecerá unida, que esta vez nadie se irá o que esta vez la historia terminará de otra manera.

Lo que podemos observar es que marcharse adquiere un significado mucho mayor del que tendría únicamente dentro de su relación actual. Separarse puede sentirse como abandonar a alguien, romper una familia o convertirse precisamente en aquello que dentro de su sistema causó tanto dolor. Por eso, ante determinadas decisiones, a mí me parece interesante preguntarnos no solamente qué estamos haciendo, sino qué significa para nosotros hacerlo.

Porque dos personas pueden permanecer en una relación y hacerlo desde lugares completamente distintos. Una puede estar eligiendo quedarse. Otra puede sentir que no tiene permiso interno para irse.


Cuando hacemos exactamente lo contrario


En este caso, la persona hace todo lo contrario, pero eso no significa necesariamente que aquello haya dejado de condicionarnos. Si toda mi manera de relacionarme está construida alrededor de evitar que me abandonen, el abandono continúa teniendo un lugar central en mi vida aunque nunca llegue a producirse.

Puede retirarse cuando alguien empieza a importarle demasiado. Quizá necesita mantener siempre una parte de ella fuera de la relación. O termina los vínculos en cuanto percibe la posibilidad de que el otro pueda hacerlo primero.


Desde fuera podría parecer que la mujer que aguanta demasiado y esta que se va demasiado pronto no tienen absolutamente nada que ver, pero las dos podrían estar respondiendo a una misma historia desde lugares opuestos. Y esta es una de las razones por las que creo que mirar únicamente las coincidencias de nuestro árbol puede quedarse corto.


No todo lo que encontramos en el árbol explica lo que nos ocurre


Trabajar con la historia familiar no significa asumir que todo lo que nos pasa procede de generaciones anteriores. Encontrar una coincidencia no demuestra, por sí sola, que exista una lealtad. Nuestra manera de relacionarnos, nuestros miedos, nuestras decisiones y los patrones que repetimos pueden estar influidos por muchos factores que también merecen exploración.

De hecho, creo que una parte importante de este trabajo consiste precisamente en no intentar hacer encajar nuestra vida dentro de cualquier historia que encontremos en el árbol.


¿No sabes si lo que te ocurre puede estar relacionado con una lealtad familiar?


Si hay una situación que se repite en tu vida, una forma de relacionarte que no acabas de entender o has empezado a preguntarte si algo de lo que estás viviendo puede tener relación con tu historia familiar, puedes escribirme y contarme brevemente qué está ocurriendo. No siempre vamos a encontrar una conexión evidente con el árbol y tampoco necesitamos encontrarla para poder trabajar aquello que te está generando malestar.


Cuando tiene sentido ampliar la mirada hacia el sistema familiar, podemos explorarlo de distintas maneras. Una de ellas es a través del tarot sistémico, que utilizo como herramienta proyectiva para observar determinadas dinámicas, posiciones y vínculos. Otra posibilidad son las constelaciones familiares, que nos permiten representar el sistema y observar desde otro lugar aquello que estamos intentando comprender.


No se trata de partir de la idea de que necesariamente existe una lealtad y buscar después cómo demostrarla. Se trata de abrir esa posibilidad, observar qué aparece y valorar desde dónde tiene más sentido trabajar lo que estás viviendo.


Puedes contactar conmigo directamente por WhatsApp o conocer más sobre mi forma de trabajar y las sesiones que realizo en www.maipareja.com


Una última aclaración


La mirada sistémica es una de las formas desde las que podemos explorar lo que nos ocurre, pero no tiene por qué explicarlo todo. El trabajo con lealtades familiares, tarot sistémico o constelaciones forma parte de un acompañamiento complementario y no sustituye la atención psicológica, médica o sanitaria cuando esta sea necesaria.







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