top of page

Por qué el Focusing es una base clave en mis procesos de acompañamiento

Actualizado: hace 1 día

Hay momentos en los que pensar más no ayuda. Has dado vueltas a lo mismo mil veces, has entendido tu historia, incluso has puesto palabras muy bonitas a lo que te pasa. Y aun así, algo sigue sin moverse. El cuerpo sigue tenso. El cansancio no se va. La sensación de fondo permanece.


En los procesos de acompañamiento que realizo, esto aparece con mucha frecuencia. No porque falte comprensión, sino porque el cuerpo no funciona solo con explicaciones. Hay experiencias que quedaron sin terminar de procesarse y siguen vivas en forma de tensión, bloqueo, cansancio o malestar difuso.

Ahí es donde Focusing se vuelve una pieza central de mi forma de trabajar: no como “una técnica más”, sino como una manera de devolver al cuerpo su lugar en el proceso de cambio.


qué es focusing

El cuerpo no es un contenedor, es un proceso vivo


Estamos acostumbradas a pensar el cuerpo como algo que “reacciona” a lo que nos pasa. Pero el cuerpo no es un contenedor pasivo de emociones ni un simple receptor de estímulos. Es un proceso vivo, en constante diálogo con la experiencia.


Cada situación que vivimos deja una huella corporal. No solo emocional, sino global: sensaciones, impulsos, tensiones, significados implícitos. El cuerpo registra cómo fue vivida una experiencia, no solo lo que ocurrió.

Por eso, aunque la mente haya pasado página, el cuerpo a veces no lo ha hecho. No porque se haya quedado atrás, sino porque está esperando condiciones mejores para continuar.


Qué es realmente Focusing (y cómo lo utilizo)


Focusing no es relajación, ni visualización, ni introspección mental. Tampoco es analizar emociones ni buscar explicaciones rápidas. Es una forma de escuchar al cuerpo desde dentro, con atención amable, para permitir que aquello que está implícito pueda desplegarse poco a poco.


En Focusing no se busca “sentirse mejor” de inmediato. Se busca estar con lo que hay, tal como se manifiesta en el cuerpo, sin forzarlo ni corregirlo. Esa actitud es clave, porque muchas experiencias quedaron bloqueadas precisamente porque no hubo espacio, tiempo o seguridad suficientes para ser sentidas. Cuando ahora sí existe ese espacio, el cuerpo responde.

Por eso utilizo Focusing dentro de los procesos de acompañamiento: no para imponer un cambio, sino para crear las condiciones en las que el organismo pueda seguir su propio movimiento.


La sensación corporal que lo contiene todo


En Focusing se trabaja con algo muy concreto, aunque difícil de describir al principio: una sensación corporal global, vaga, pero claramente presente. No es una emoción concreta ni un pensamiento. Es una sensación sentida que contiene mucha información implícita.

Esa sensación puede aparecer como presión, nudo, densidad, vacío, peso o algo difícil de nombrar. No se trata de interpretarla rápidamente, sino de hacerle sitio. Ahí ocurre algo importante: cuando la sensación sentida recibe atención sin exigencia, empieza a cambiar. No porque la forcemos, sino porque el cuerpo puede continuar el proceso que quedó interrumpido.


El cuerpo guarda también la dirección del siguiente paso


El cuerpo no solo guarda el problema. Guarda también la dirección del siguiente paso. Esa dirección no suele aparecer como una solución mental, sino como un pequeño cambio corporal: una sensación que se alivia, una imagen que surge, una frase que encaja, una comprensión que se siente verdadera.


Eso es lo que diferencia Focusing de pensar sobre uno mismo. No se trata de decidir qué hacer, sino de dejar que el cuerpo muestre hacia dónde puede moverse ahora.

El cuerpo no habla en órdenes ni en conceptos abstractos. Habla en sensaciones que, cuando se escuchan bien, traen claridad.


Cuando algo no pudo procesarse


Muchas de las experiencias que hoy se viven como bloqueo, cansancio emocional o malestar difuso no son problemas nuevos. Son procesos que quedaron incompletos. En su momento no hubo recursos, apoyo o seguridad suficiente para sentir lo que se estaba viviendo. El cuerpo hizo lo que pudo: contener.


Focusing no intenta “sacar” eso a la fuerza ni revivir el pasado. Lo que hace es crear las condiciones para que esa experiencia pueda terminar de procesarse ahora, con más presencia y más capacidad de sostén.

Por eso el cambio que ocurre no suele ser brusco ni dramático. Es un movimiento interno que trae alivio, claridad y una sensación de coherencia difícil de explicar, pero muy reconocible.


Focusing no fuerza: acompaña


Uno de los aspectos más importantes de Focusing es que no empuja. No busca resultados rápidos ni catarsis. Respeta el ritmo del cuerpo. Confía en que, cuando hay presencia suficiente, el organismo sabe cómo reorganizarse.

Esto es especialmente importante para personas que llevan mucho tiempo sosteniendo, adaptándose o sobreviviendo. El cuerpo no necesita más exigencia. Necesita una relación distinta consigo mismo. En ese cambio de relación, algo empieza a aflojar.

Ese cambio no es casual ni sugestivo: tiene que ver con cómo funciona el sistema nervioso cuando percibe seguridad y deja de estar en modo alerta.


Por qué Focusing complementa cualquier otra herramienta


Una de las razones por las que Focusing es tan valioso en mi forma de acompañar es que no compite con nada. No excluye otras técnicas ni otros enfoques: los complementa.

Puede convivir con trabajo sistémico, con herramientas energéticas, con astrología psicológica o con otros marcos de lectura, porque no trabaja en el nivel de la teoría ni de la interpretación, sino en el nivel de la experiencia viva del cuerpo.

Eso lo convierte en una herramienta profundamente versátil. Se puede usar cuando hay bloqueo emocional, cuando hay cansancio profundo, cuando hay síntomas físicos, cuando hay decisiones importantes, cuando una relación duele o cuando una etapa vital se queda en punto muerto.


En realidad, Focusing no está al servicio de un tema concreto, sino de algo más amplio: ayudar a que el cuerpo pueda participar en el proceso de cambio. Y eso lo hace válido para todo. Para absolutamente todo lo que una persona trae a acompañamiento.


Qué cambia cuando el cuerpo entra en el proceso


Practicar Focusing no solo ayuda a trabajar temas concretos. Cambia la forma de relacionarte contigo misma. Aparece más confianza interna, más respeto por los propios ritmos, menos lucha interna. El cuerpo deja de ser un obstáculo que hay que controlar y se convierte en un aliado que orienta.

Y cuando eso ocurre, muchas decisiones se vuelven más claras. No porque todo esté resuelto, sino porque ya no se toman desde la desconexión.


Un punto de encuentro


Focusing no es “una técnica más”. Es una forma de estar con la experiencia. Una manera de escuchar lo que el cuerpo ya sabe, pero que necesita tiempo, atención y seguridad para mostrar.

Por eso es una base central en mi manera de acompañar procesos relacionados con la salud, las relaciones, el dinero o los momentos de bloqueo vital. No como un método aislado, sino como una forma de sostener el cambio desde dentro.





















Comentarios


bottom of page