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Focusing y toma de decisiones: cómo el cuerpo sabe antes que la mente

Tomar decisiones no siempre es un acto racional. Podemos hacer listas de pros y contras, pensar durante días y aun así seguir sin claridad. La mente analiza, pero el cuerpo siente. Y muchas veces, la respuesta que no aparece en los pensamientos ya está presente en las sensaciones.

El Focusing enseña a escuchar esa inteligencia corporal que suele tener la información que la mente todavía está buscando. Si quieres conocer en detalle en qué se basa esta técnica, puedes leer qué es el Focusing y cómo funciona.



Por qué a veces no podemos decidir


La indecisión casi nunca tiene que ver con falta de voluntad; muchas veces responde a un conflicto interno. Una parte quiere avanzar, otra se resiste. Cada opción activa emociones distintas: miedo, deseo, culpa, expectativas. La mente trata de resolverlo con argumentos, pero el cuerpo se tensa o se cierra ante la posibilidad que no es coherente.


El Focusing ayuda a identificar qué parte de la decisión se siente bien y cuál no, no desde la lógica, sino desde la experiencia corporal.


Cómo funciona el Focusing en la toma de decisiones


El Focusing, desarrollado por Eugene Gendlin, es una técnica terapéutica que facilita la escucha interna a través del cuerpo. Durante una sesión, se trabaja con la sensación sentida —esa impresión física que aparece cuando pensamos en una situación importante. En el contexto de una decisión, el proceso es simple:


  1. Se trae a la mente la situación o las opciones posibles.

  2. Se observa cómo reacciona el cuerpo ante cada una.

  3. Se acompaña esa sensación sin forzarla, hasta que algo se aclara o cambia.


El cuerpo no habla en palabras, pero sí en sensaciones: expansión, alivio, cierre, nudo, calor, peso. Aprender a leerlas permite decidir desde un lugar más coherente y confiable.


Qué aporta el cuerpo que la mente no puede dar


El cuerpo capta información que la mente racional pasa por alto. Registra la congruencia entre lo que pensamos, sentimos y realmente necesitamos. Cuando una decisión es correcta para nosotros, suele mostrarse como alivio o expansión; cuando no lo es, como tensión o contracción.

Pero el cuerpo no solo confirma lo que ya intuimos: también puede aportar información nueva. A veces, al escuchar con atención, surge una idea o un paso intermedio que la mente no había contemplado, o incluso una comprensión que cambia la forma de plantear la decisión.


El Focusing no sustituye el análisis mental, pero lo completa y lo amplía: ofrece una guía corporal que muestra no solo qué elegir, sino cuándo y cómo avanzar de un modo más coherente.


Ejemplo práctico


Imagina a alguien que duda entre quedarse en un trabajo estable o iniciar un proyecto propio. En Focusing, se le invita a sentir cómo se percibe en el cuerpo cada opción. Al pensar en “seguir igual”, nota una presión en el pecho; al imaginar “emprender”, siente nervios, pero también aire y ligereza. Esa información no es mental, es corporal. El cuerpo muestra lo que la mente no logra sintetizar: miedo y deseo pueden coexistir, pero hay una dirección que se siente más viva.


Beneficios del Focusing en la toma de decisiones


  • Aumenta la claridad interior. Permite distinguir entre lo que se desea de verdad y lo que se hace por obligación o miedo.

  • Reduce la rumiación mental. En lugar de girar en bucle, se obtiene una señal física clara que orienta.

  • Fortalece la confianza en la propia intuición. Decidir deja de ser una carga y se vuelve un acto de coherencia interna.

  • Previene el arrepentimiento. Cuando la elección nace de la escucha del cuerpo, suele sentirse correcta incluso si los resultados externos tardan en llegar.

  • Puede traer información nueva. Permite esclarecer cuál es el verdadero obstáculo, reconocer qué está en juego e incluso traer un nuevo movimiento que no se había planteado.


Cómo practicar Focusing antes de tomar una decisión


Puedes probar una versión sencilla:


  1. Piensa en la situación concreta.

  2. Nombra las opciones y nota cómo reacciona el cuerpo con cada una.

  3. Observa si hay zonas de apertura o de cierre.

  4. Quédate unos segundos acompañando esa sensación.

  5. Espera hasta que aparezca un gesto, palabra o alivio que marque la dirección.


El cuerpo no da órdenes, pero ofrece señales de coherencia que la mente puede reconocer.


Conclusión


Decidir no siempre requiere más análisis, sino más presencia. El cuerpo lleva un registro silencioso de lo que nos hace bien y de lo que nos aleja de nosotros mismos. El Focusing permite recuperar esa brújula interna y tomar decisiones desde la calma y la autenticidad.


Puedes reservar tu sesión de Focusing —presencial en Olot u online— y aprender a escuchar las respuestas que tu cuerpo ya tiene.




















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