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Focusing y toma de decisiones: cómo el cuerpo sabe antes que la mente

Actualizado: 16 dic 2025

Tomar decisiones no siempre es un acto racional. Podemos hacer listas de pros y contras, pensar durante días, pedir opiniones… y aun así seguir sin claridad. La mente analiza, compara y anticipa, pero a veces no llega a ninguna conclusión que se sienta verdaderamente firme. En esos momentos no falta información. Falta escucha.


El cuerpo percibe antes que la mente qué opción es coherente y cuál no. Lo hace a través de sensaciones: alivio, tensión, expansión, cierre, peso. El Focusing enseña a escuchar esa inteligencia corporal que muchas veces ya tiene la respuesta que la mente sigue buscando.


Si quieres comprender con más profundidad qué es el Focusing y por qué el cuerpo puede ofrecer claridad cuando la mente se bloquea, puedes leer el artículo Focusing y cómo tu cuerpo sabe lo que necesita, donde se explica esta forma de escucha corporal como base del proceso.



Por qué a veces no podemos decidir


La indecisión casi nunca tiene que ver con falta de voluntad. Suele aparecer cuando hay un conflicto interno. Una parte quiere avanzar; otra se protege. Cada opción activa emociones distintas: miedo, deseo, culpa, expectativas ajenas.


La mente intenta resolver ese conflicto con argumentos. Pero el cuerpo responde antes: se tensa, se contrae o se apaga frente a ciertas posibilidades, incluso cuando “sobre el papel” parecen correctas. No es confusión. Es información que todavía no ha sido escuchada.


Muchas veces no decidimos porque una parte de nosotras dice “sí” y otra dice “todavía no”. El problema no es la duda, sino no darle espacio a ambas.


El cuerpo como brújula interna


El cuerpo no piensa en términos de éxito o fracaso. Percibe coherencia. Registra si una opción está alineada con lo que necesitamos ahora o si nos empuja a forzarnos.


Cuando una decisión es coherente, el cuerpo suele mostrar señales de alivio, expansión o mayor respiración. Cuando no lo es, aparecen sensaciones de cierre, presión, incomodidad o rigidez.

Esto no significa que lo coherente sea siempre fácil. A veces una opción genera nervios o miedo y, aun así, se siente viva. El cuerpo no evita la dificultad: evita la incongruencia.


Cómo funciona el Focusing en la toma de decisiones


El Focusing, desarrollado por Eugene Gendlin, permite entrar en contacto con esa sensación sentida que aparece cuando pensamos en una situación importante. No se trata de decidir desde el impulso, sino de escuchar con atención lo que el cuerpo ya está registrando.


En una sesión o práctica personal, el proceso suele ser así:


  • Se trae a la mente la situación concreta.

  • Se nombran las opciones posibles, una por una.

  • Se observa cómo reacciona el cuerpo ante cada opción.

  • Se acompaña la sensación que aparece, sin forzarla ni interpretarla.


El cuerpo no responde con palabras, sino con calidad sensorial: más espacio, menos aire, peso, calma, inquietud. Al quedarte con esa sensación, algo empieza a ordenarse desde dentro.

A veces aparece una claridad directa. Otras veces surge un paso intermedio que la mente no había contemplado. En lugar de “esto o lo otro”, el cuerpo muestra un “todavía no así” o un “hay algo más que atender primero”.


Qué aporta el cuerpo que la mente no puede dar


La mente trabaja con datos conocidos. El cuerpo integra información implícita: emociones no dichas, necesidades postergadas, límites no reconocidos.

Por eso, al escuchar el cuerpo, no solo confirmas lo que ya intuías. Muchas veces aparece algo nuevo: una comprensión, un ajuste, un cambio de enfoque que transforma la decisión completa.


El Focusing no sustituye el análisis mental. Lo completa. Permite decidir no solo qué elegir, sino desde dónde y en qué momento hacerlo.


Ejemplo cotidiano


Imagina a alguien que duda entre quedarse en un trabajo estable o iniciar un proyecto propio. Al pensarlo mentalmente, ambas opciones parecen válidas. Pero el cuerpo responde distinto.

Al imaginar “seguir igual”, aparece una presión en el pecho y cansancio. Al imaginar “emprender”, surgen nervios… pero también una sensación de aire y ligereza.


El cuerpo no niega el miedo. Pero muestra qué dirección se siente más viva. La decisión no es “sin miedo”, es con coherencia.


Cuando decidir se vuelve más fácil


Decidir desde el cuerpo no significa tener certezas absolutas. Significa elegir desde un lugar menos forzado. Incluso si la decisión trae desafíos, suele sentirse correcta internamente.

Por eso, muchas personas notan que cuando una elección nace de la escucha corporal, el arrepentimiento disminuye. Puede haber dificultades, pero no aparece esa sensación profunda de haberse traicionado.


Cómo practicar Focusing antes de tomar una decisión


Puedes probar este gesto sencillo:


  • Piensa en la situación concreta.

  • Nombra una opción y observa cómo responde tu cuerpo.

  • Nombra la otra opción y nota la diferencia.

  • Quédate unos segundos con la sensación más clara.

  • Espera sin apurar hasta que algo se acomode o se nombre solo.


El cuerpo no da órdenes. Ofrece señales de coherencia que la mente puede reconocer.


Conclusión


Decidir no siempre requiere más análisis. A veces requiere más presencia. El cuerpo guarda un registro silencioso de lo que nos acerca a nosotros mismos y de lo que nos aleja.


Cuando cuesta distinguir qué decisión es propia y cuál viene del miedo o la exigencia, a veces es útil acompañar ese proceso con alguien. Aquí explico cómo trabajo las sesiones.








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