Cómo trabajar las heridas de la infancia desde un enfoque proyectivo (y por qué el tarot puede ser una herramienta)
- Mai Pareja
- 31 oct 2025
- 6 Min. de lectura
Actualizado: 6 mar
A veces pasa algo bastante frustrante: entiendes perfectamente tu historia, reconoces el patrón, te sabes la teoría… y aun así, en el momento clave, el cuerpo reacciona igual que siempre. Por ejemplo:
cuando alguien se distancia y tu cuerpo se inquieta de inmediato
cuando una crítica pequeña se siente como rechazo profundo
cuando un límite ajeno despierta sensación de exclusión
cuando alguien tarda en contestar y se activa toda la película
cuando vas a pedir algo, poner un precio o mostrarte… y aparece ese “mejor no”
Ahí es donde muchas personas se frustran: “Si ya lo entendí, ¿por qué sigo reaccionando igual?” Porque las heridas de la infancia no viven solo en la memoria narrativa. Viven en el cuerpo, en el sistema nervioso, en los reflejos emocionales y en las estrategias de supervivencia que se formaron cuando todavía no teníamos recursos.
El trabajo con estas heridas no consiste solo en entender de dónde vienen. Implica crear una experiencia interna distinta a la que esa parte vivió cuando se sintió sola, desbordada o incomprendida. Por eso el enfoque proyectivo, combinado con el trabajo corporal, puede resultar especialmente útil.
Si te interesa profundizar en cómo el cuerpo guarda estas memorias emocionales, puedes leer también Bloqueo emocional: cuando el cuerpo guarda una experiencia completa que no pudo ser procesada.

Qué son realmente las heridas de la infancia
Cuando hablamos de “heridas” no nos referimos solo a un recuerdo puntual del pasado. Hablamos de aprendizajes emocionales repetidos que se volvieron automáticos.
Con el tiempo, esos aprendizajes aparecen en la vida adulta como:
hipervigilancia emocional
miedo al abandono
miedo al rechazo
dificultad para poner límites
autosabotaje cuando algo empieza a ir bien
bloqueo para recibir amor, dinero o reconocimiento
relaciones que repiten el mismo patrón
La dificultad es que muchas veces estas reacciones no se viven como “una herida”. Se viven como identidad. Y cuando algo se vive como identidad, deja de cuestionarse.
“Yo soy así.”
“Siempre me pasa lo mismo.”
“Siempre termino reaccionando igual.”
Por qué entender tu historia no siempre alcanza
Comprender tu historia puede traer alivio, pero no siempre reorganiza la respuesta emocional. La mente aprende con explicaciones. El cuerpo aprende con experiencia. Puedes repetirte mil veces que ahora eres adulta, que la situación es distinta, que no te van a abandonar… y aun así sentir cómo tu sistema nervioso se activa igual. No porque seas exagerada ni dramática. Sino porque en algún momento de tu historia anticipar, controlar o agradar fue la forma de estar a salvo.
Por eso muchas personas sienten que saben mucho sobre sí mismas, pero el cuerpo sigue reaccionando igual.
Si te reconoces en esto, puede interesarte leer también Por qué analizarte no te calma y qué pasa cuando empiezas a escucharte.
Cuándo tiene sentido trabajar con un enfoque proyectivo
Las herramientas proyectivas no siempre son necesarias. Pero hay momentos en los que pueden abrir algo nuevo. Especialmente cuando:
eres una persona muy mental o muy analítica
ya tienes una narrativa muy elaborada sobre lo que te ocurre
entiendes perfectamente el patrón… pero el cuerpo sigue reaccionando igual
el análisis mental se vuelve circular y no produce cambio
En estos casos, el enfoque proyectivo puede resultar muy útil porque no intenta convencer a tu mente. Lo que hace es crear una escena simbólica donde lo interno puede mostrarse de otra manera.
Cuando algo se representa afuera —en una imagen, una figura o una carta— se vuelve más fácil notar:
qué parte de ti está reaccionando
qué emoción aparece primero
qué necesidad quedó congelada
qué recursos están disponibles
Esto no reemplaza el trabajo emocional o corporal. Lo complementa.
Qué es el enfoque proyectivo
Un enfoque proyectivo utiliza símbolos, imágenes o escenas para acceder a información emocional que muchas veces está demasiado automatizada o protegida para aparecer solo a través de preguntas mentales.
Cuando algo se representa fuera de ti:
disminuye la pelea mental
aparecen ambivalencias que antes estaban ocultas
el material emocional emerge con más claridad
No se trata de interpretar símbolos de forma rígida, sino de observar qué se activa en la persona cuando entra en contacto con esa escena. Y esto lo hacemos yendo al cuerpo.
Dónde entra el tarot en este tipo de trabajo
En este enfoque, el tarot no se utiliza para adivinar ni para dictar sentencias sobre el futuro. Se utiliza como lenguaje simbólico. Las cartas funcionan como arquetipos que permiten representar dinámicas internas: partes de la psique, vínculos, emociones o posiciones dentro de una escena.
La diferencia es importante:
Tarot predictivo: Busca respuestas cerradas.
Tarot proyectivo: Abre preguntas vivas.
Tarot sistémico o transgeneracional: Además observa las relaciones entre las partes: pertenencia, lealtades, posiciones internas y repeticiones.
Si quieres entender mejor esta mirada, puedes leer Tarot sistémico transgeneracional: ver, sentir y comprender dinámicas familiares a través de los arquetipos.
Cómo se puede trabajar una herida desde el tarot proyectivo
No existe una única forma de hacerlo. Lo importante no es la tirada en sí, sino la escena que permite observar. Voy a mostrarte algunas de las estructuras más útiles.
1) Escena básica: Yo actual – Niña – Adulta disponible
Esta estructura permite observar tres posiciones internas.
Yo actual: Representa cómo estás reaccionando hoy frente a este tema. No es tu esencia ni tu mejor versión, sino la estrategia que está funcionando ahora.
Mi niña: Representa la parte emocional que se activa cuando algo toca una herida antigua. Puede aparecer como miedo, rabia, vergüenza o necesidad de protección. Aquí se observa cómo aparece esa parte.
Mi adulta: Representa el recurso interno disponible hoy para sostener lo que ocurre.
No es una adulta idealizada. Es la capacidad real que tienes para diferenciar pasado y presente, poner límites o acompañar a esa parte vulnerable.
Para qué sirve esta tirada
Esta escena permite ver con claridad desde qué parte de ti estás reaccionando realmente cuando una herida se activa. Muchas veces sentimos que “soy así”, pero al colocar estas tres posiciones se vuelve evidente qué parte está tomando el mando. Esta tirada sirve especialmente para:
diferenciar reacción automática y recurso adulto
ver si la parte herida está sola o acompañada
observar si la adulta disponible está presente o desplazada
Cuando esta estructura se vuelve visible, deja de ser un automatismo invisible y aparece un pequeño espacio de elección.
2) La herida en presente
En esta tirada se exploran tres posiciones:
cómo se siente la parte vulnerable ahora
qué experiencia dejó cicatriz
cómo ese aprendizaje sigue influyendo en la vida actual
A veces hablamos de la herida como algo del pasado, pero lo que realmente importa es cómo sigue actuando hoy. Esta tirada permite ver la herida como un proceso vivo que todavía influye en las decisiones, relaciones o reacciones actuales. Sirve para:
identificar la emoción que gobierna la reacción actual
reconocer qué experiencia dejó huella
ver cómo esa herida sigue influyendo hoy
Esto ayuda a conectar pasado y presente sin quedarse atrapado en la historia.
3) Tirada circular de heridas emocionales
En esta tirada se colocan las cinco heridas emocionales más conocidas: abandono, rechazo, humillación, traición e injusticia. La persona no sabe cuál es cuál. Primero se observa una carta central que representa cómo se siente frente al tema actual. Después se revelan las cartas del círculo y se explora con cuál aparece mayor resonancia.
Esta tirada no busca etiquetar a la persona con una herida fija. Sirve para observar qué herida está más activa en este momento del proceso. Muchas veces creemos que sabemos cuál es nuestra herida principal, pero cuando trabajamos de forma proyectiva aparece otra dinámica más relevante en el presente. Esta tirada ayuda a:
detectar qué herida está activa ahora
identificar qué emoción se está movilizando
reconocer el patrón actual que conecta con esa herida
A partir de ahí se puede profundizar en el trabajo emocional o corporal.
Lo que hace que este trabajo sea transformador
Una escena proyectiva puede mostrar algo importante. Pero el cambio no ocurre solo al verlo. Ocurre cuando esa información se integra, y ahí entra el trabajo corporal.
Muchas veces, después de una tirada, el proceso continúa con Focusing, que permite localizar en el cuerpo la parte que apareció y acompañarla con presencia. Si quieres entender mejor esta práctica puedes leer Por qué el focusing es una base clave en mis procesos de acompañamiento.
Otras veces, se recurre a algún movimiento o acto simbólico, según lo que sea necesario en ese momento.
Señales de que este tipo de trabajo puede ayudarte
Este enfoque suele resultar útil cuando:
tienes patrones repetidos en relaciones o dinero
entiendes tu historia pero reaccionas igual
te cuesta sostener lo bueno
sientes una alerta constante en el cuerpo
te adaptas demasiado a los demás
te cuesta pedir o recibir
reaccionas de forma intensa ante pequeños desencadenantes
Lo que este enfoque no es
Para evitar confusiones:
no es adivinación
no es una lectura rápida
no es “la carta te dijo que…”
no sustituye procesos terapéuticos cuando hay trauma severo
Es un trabajo simbólico y experiencial que ayuda a hacer visible lo que estaba funcionando en automático.
Cierre: la herida no es tu identidad
Una herida de infancia puede sentirse como identidad, pero no lo es. Es una estrategia de supervivencia que en algún momento te ayudó.
El enfoque proyectivo no viene a etiquetarte. Viene a devolverte algo más útil: visión, contacto y elección. Cuando la parte vulnerable deja de estar sola, el cuerpo afloja. Cuando la adulta vuelve a tener espacio, la reacción automática empieza a cambiar. Y lo que antes parecía destino se convierte, poco a poco, en posibilidad.
.png)



Comentarios