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Focusing y niña interior: sanar desde el cuerpo lo que no fue acompañado

Actualizado: 16 dic 2025

Hay heridas que no se resuelven hablando. No porque no sea importante poner palabras, sino porque lo que dolió no fue solo lo que pasó, sino la soledad con la que se vivió.


La niña interior no busca entender ni reinterpretar su historia. Busca algo mucho más básico y profundo: sentir que, esta vez, alguien se queda. Que no hay prisa. Que no hay exigencia. Que no está sola en lo que siente.


El Focusing permite ofrecer esa presencia real desde un lugar muy concreto: el cuerpo, donde esas experiencias tempranas siguen vivas como sensaciones, reacciones y formas de protegerse. Si quieres comprender con más profundidad qué es el Focusing y por qué el cuerpo puede sanar lo que la mente no logra resolver sola, puedes leer el artículo Focusing y cómo tu cuerpo sabe lo que necesita, donde se explica esta forma de escucha corporal como base del proceso.


sanando a la niña interior con acompañamiento emocional focusing

La niña interior como memoria viva en el cuerpo


La niña interior no es una metáfora poética ni una idea simbólica. Es la huella corporal de nuestras primeras experiencias de vínculo. El tono de voz con el que nos hablaban, las miradas que nos sostenían —o nos retiraban—, el contacto físico, la forma en que nuestras emociones fueron recibidas. Todo eso fue moldeando cómo el cuerpo aprendió a sentirse a salvo… o en peligro.


Cuando en la infancia no hubo espacio para una emoción —tristeza, rabia, miedo, deseo— el cuerpo hizo lo único que podía: contenerla. Y cada contención dejó una marca. No como un recuerdo mental, sino como tensión muscular, rigidez, respiración corta, hipervigilancia o desconexión.

Por eso, en la adultez, hay situaciones que nos desbordan más de lo que “deberían”: alguien no responde, alguien se aleja, alguien nos mira con desaprobación. No reacciona solo la mujer de hoy. Reacciona esa parte antigua que todavía teme quedarse sola, molestar o no ser suficiente.


Cuando la herida no es lo que pasó, sino haberlo vivido a solas


Muchas personas intentan “trabajar” a su niña interior desde la corrección: diciéndose que ya pasó, que ahora son adultas, que no tiene sentido reaccionar así. Pero el cuerpo no se calma con argumentos.

Lo que esa parte recuerda no es un hecho, sino una experiencia relacional: estar sola con una emoción demasiado grande. Y cada vez que en la vida actual aparece algo que se le parece, el cuerpo responde como entonces. No porque esté confundido, sino porque sigue protegiendo. Y cuando una emoción no pudo ser acompañada en su momento, no desaparece: queda retenida en el cuerpo como una experiencia compacta. Eso es lo que más adelante se vive como bloqueo emocional.


Cómo el Focusing se acerca a la niña interior sin invadirla


El Focusing, desarrollado por Eugene Gendlin, no busca revivir la infancia ni forzar recuerdos. Tampoco pretende “arreglar” a la niña interior. Propone algo mucho más respetuoso: acompañar la sensación corporal que la representa.


En una sesión o práctica personal, puede aparecer una zona de tensión, de vacío o de fragilidad. A veces surge una imagen, una frase espontánea como “no puedo molestar”, “me dejaron sola” o “tengo que portarme bien”. Esa es la voz corporal de la niña interior.


El trabajo no consiste en discutir con ella ni en tranquilizarla deprisa. Consiste en estar con esa sensación, sin juicio, sin prisa, sin empujarla a cambiar.

Para el cuerpo, esta experiencia es completamente nueva: por primera vez, esa parte no es interrumpida, corregida ni exigida. Hay presencia. Y el cuerpo registra esa presencia como seguridad. Ahí empieza la reparación.


Qué ocurre cuando la niña interior se siente acompañada de verdad


Durante años, la parte infantil suele ser la más rechazada por nosotras mismas. Nos incomoda su miedo, su necesidad, su intensidad emocional. Intentamos controlarla o silenciarla. Sin darnos cuenta, repetimos el mismo abandono que una vez dolió.

Cada vez que esa niña intenta expresarse —a través del llanto, la rabia, la confusión— aparece la tensión, el bloqueo o la autocrítica. Y el cuerpo aprende que tampoco ahora hay lugar para sentir.


Cuando, a través del Focusing, empezamos a quedarnos con ella sin querer arreglarla, algo cambia de raíz. Esa parte deja de estar sola. Puede mostrarse tal como es.

No hace falta decir nada grandioso. A veces basta una sensación interna de “tiene sentido que te sientas así”. Eso es lo que el cuerpo reconoce como seguridad.


Desde fuera, el cambio puede parecer pequeño: un suspiro más profundo, menos dureza ante un error, una ternura nueva hacia una misma. Pero por dentro ocurre algo enorme: la parte más antigua deja de luchar por ser vista. Y cuando eso sucede, el sistema entero —cuerpo, mente y emoción— empieza a reorganizarse hacia la calma.


Beneficios de trabajar la niña interior con Focusing


Cuando esta escucha se sostiene en el tiempo, el Focusing puede:


  • Permitir que emociones antiguas se procesen desde la seguridad corporal.

  • Reducir reacciones automáticas de miedo, culpa o autoexigencia.

  • Devolver al cuerpo la confianza básica y la capacidad de descansar.

  • Fortalecer la coherencia interna y la autenticidad emocional.

  • Abrir espacio a una autocompasión real, no forzada ni mental.


Conclusión


La niña interior no necesita que la corrijas ni que la empujes a “superar” nada. Necesita lo que no tuvo: presencia.


El Focusing ofrece esa presencia desde el cuerpo, sin exigencias ni prisas. Cuando el cuerpo siente que ya no está solo en lo que duele, aparece un alivio profundo. No es mental. Es físico. Es celular. Ahí empieza la sanación verdadera: cuando lo que una vez estuvo solo, por fin se siente acompañado.


Si este proceso te resuena, puedo acompañarte a practicar este tipo de escucha corporal en sesiones individuales —presencial en Olot u online— para que lo que quieres sentir tenga un espacio seguro para moverse.







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