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Focusing y niña interior: sanar desde el cuerpo lo que no fue acompañado

Hay heridas que no se resuelven hablando. A veces lo que duele no es lo que pasó, sino la soledad con la que lo vivimos. La niña interior no busca entender, busca sentir que, por fin, alguien está con ella.

El Focusing permite ofrecerle esa presencia real, no desde la mente, sino desde el cuerpo, donde esas memorias siguen vivas. Puedes saber más sobre el tema en el artículo Qué es el focusing y cómo funciona.


sanando a la niña interior con acompañamiento emocional focusing

La niña interior como memoria viva en el cuerpo

La niña interior no es una metáfora poética: es la huella corporal de nuestras primeras experiencias de vínculo. El tono de voz con el que nos hablaban, las miradas que nos sostenían (o no), el contacto físico, la forma en que nuestras emociones fueron recibidas. Todo eso fue moldeando la manera en que el cuerpo aprendió a sentirse a salvo o en peligro frente al amor, la expresión o la necesidad.


Cuando en la infancia no hubo espacio para una emoción —tristeza, rabia, deseo, miedo—, el cuerpo hizo lo que pudo: la contuvo. Y cada contención dejó una marca: una tensión, una rigidez, una respiración corta. No son recuerdos mentales, son rastros fisiológicos de un esfuerzo por sobrevivir emocionalmente.

Por eso, en la adultez, hay situaciones que nos tocan desproporcionadamente: alguien se aleja, alguien no responde, alguien nos mira con desaprobación… No reacciona la mujer de hoy, reacciona esa parte antigua que todavía teme quedarse sola o no ser suficiente.

Si te interesa, también puedes leer el artículo Focusing y merecimiento.


Cómo el Focusing se acerca a esa parte sin invadirla


El Focusing, desarrollado por Eugene Gendlin, enseña a acompañar las sensaciones corporales con respeto y sin prisa. No se trata de revivir la infancia ni de forzar un recuerdo, sino de escuchar lo que el cuerpo todavía intenta decir.


En una sesión, puede aparecer una zona de tensión o de vacío, una imagen o una frase espontánea como “me dejaron sola” o “no puedo molestar”. Esa es la voz de la niña interior. Y el trabajo no consiste en corregirla, sino en estar con ella.

El cuerpo registra esa presencia como algo completamente nuevo: ya no hay juicio, ya no hay exigencia, ya no está sola en lo que siente. Esa nueva experiencia fisiológica —de compañía y aceptación— es lo que inicia la reparación.


Qué ocurre cuando la niña interior se siente realmente acompañada


Durante años, la parte infantil que llevamos dentro suele ser la más rechazada por nosotras mismas. Nos avergüenza su miedo, su necesidad, su forma desbordada de reaccionar. Intentamos controlarla, calmarla, cambiarla. La tratamos como alguna vez fuimos tratadas: con impaciencia o exigencia.

El cuerpo repite ese patrón. Cada vez que esa niña quiere hablar —a través del llanto, la rabia o la confusión—, aparece la tensión, el bloqueo o el juicio. Y así se mantiene el mismo abandono, solo que ahora viene desde dentro.


Cuando a través del Focusing empezamos a quedarnos con ella sin querer arreglarla, algo cambia de raíz. Por primera vez, esa parte no es interrumpida ni empujada hacia el silencio. Podemos mirarla y decirle, sin palabras: entiendo por qué reaccionas así; tiene sentido. Eso es lo que el cuerpo reconoce como seguridad. Esa sensación de ser aceptada incluso en su dolor permite que la niña interna se afloje. Ya no necesita gritar ni esconderse. No porque todo esté bien, sino porque por fin hay un lugar donde puede ser como es.

Desde afuera, el cambio puede parecer pequeño: un suspiro, una ternura nueva, menos dureza ante un error. Pero dentro, lo que ocurre es enorme: la parte más antigua de nosotras deja de estar sola en su emoción. Y cuando eso sucede, el sistema entero —cuerpo, mente, energía— se reorganiza hacia la calma.


Beneficios de trabajar la niña interior con Focusing


  • Permite procesar emociones antiguas desde la seguridad corporal.

  • Reduce reacciones automáticas de miedo, culpa o autoexigencia.

  • Devuelve al cuerpo la confianza y la capacidad de descansar.

  • Fortalece la sensación de coherencia interna y autenticidad.

  • Abre espacio a la ternura y la autocompasión reales, no forzadas.


Conclusión


La niña interior no necesita que la corrijas, necesita que la escuches. El Focusing ofrece esa escucha: silenciosa, profunda, sin exigencias. Cuando el cuerpo siente esa presencia, se produce un alivio difícil de explicar: no es mental, es celular. Ahí empieza la sanación verdadera —cuando lo que una vez estuvo solo, finalmente se siente acompañado.


Puedes reservar tu sesión de Focusing —presencial en Olot u online— y empezar a acompañar a tu niña interior desde el cuerpo, con la calma y el respeto que siempre necesitó.








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