top of page

Focusing y autocrítica: cómo cambiar tu diálogo interno sin luchar contigo

Actualizado: hace 17 horas

¿Alguna vez te has dicho cosas como “no sirvo para nada”, “siempre lo hago mal” o “nunca es suficiente”? Esa voz no viene de fuera. Vive dentro. Es tu crítica interna.

No aparece porque seas débil ni porque tengas un problema de autoestima. Aparece porque, en algún momento, fue necesaria. Nació para protegerte, para evitarte dolor, rechazo o vergüenza. El problema es que, con el tiempo, esa voz se vuelve dura, exigente y constante. Y por mucho que consigas, siempre encuentra algo que señalar.

Muchas personas intentan callarla con frases positivas o con fuerza de voluntad. Pero eso suele empeorar las cosas. Cambiar el diálogo interno no consiste en eliminar la crítica, sino en relacionarte con ella desde otro lugar. Y ese lugar no es solo mental: es corporal. Ahí es donde el trabajo desde el cuerpo ofrece una vía distinta: no luchar contigo, sino escuchar qué está sosteniendo esa voz por dentro.


Qué es la crítica interna y por qué puede volverse tan cruel


La crítica interna no surge de la nada. Nadie nace hablándose mal. Esa voz se forma a partir de experiencias tempranas: frases escuchadas, expectativas no dichas, comparaciones constantes, momentos en los que sentirte vulnerable no era seguro y había que adaptarse para no perder el vínculo.

Quizá creciste escuchando mensajes como “tienes que hacerlo mejor”, “no exageres” o “así no vas a llegar a nada”. O aprendiste que solo si eras fuerte, responsable o perfecta recibías aprobación. Tal vez hubo rechazos, humillaciones o silencios que dejaron huella.

Esa parte aprendió algo muy concreto: si me exijo, si me controlo, si no me equivoco, quizá no vuelva a doler. Aunque hoy seas adulta, esa voz sigue funcionando con la misma lógica. No intenta destruirte. Intenta evitar que sufras. El problema es que lo hace desde la dureza, no desde el cuidado.


Por qué luchar contra tu crítica interna no funciona


Cuando te dices “tengo que dejar de hablarme así”, entras en una paradoja: una parte de ti empieza a criticar a la parte que critica. El resultado es más tensión, no alivio.

Cada vez que discutes con esa voz, el cuerpo reacciona. El pecho se cierra, el estómago se encoge, la respiración se vuelve superficial. El cuerpo interpreta la lucha interna como una amenaza. Y cuando eso ocurre, la crítica no se calla: se defiende.

Por eso el diálogo interno no cambia desde el razonamiento. Cambia cuando el cuerpo deja de estar en guerra.

La autocrítica no es solo mental, es corporal


Aunque se exprese en palabras, la crítica interna vive en el cuerpo. Tiene forma de presión, nudo, rigidez o peso. Muchas personas la sienten como un apretón en el pecho, una tensión en la garganta o una dureza en el abdomen.

Mientras esa sensación corporal no sea atendida, la voz seguirá repitiéndose. No porque quiera molestarte, sino porque su mensaje no ha sido recibido.

El cuerpo no pide argumentos. Pide presencia.


Qué cambia cuando te relacionas distinto con esa voz


Desde un enfoque corporal, el cambio no pasa por eliminar la crítica, sino por escuchar la sensación que la sostiene.

Imagina que aparece la frase “no soy suficiente”. En lugar de discutir con ella, llevas la atención al cuerpo y notas dónde se siente. Quizá una presión en el pecho. Un nudo. Un peso. No haces nada con eso. No lo corriges. No lo analizas. Te quedas ahí, acompañando esa sensación con curiosidad y respeto.

Cuando esa parte siente que ya no tiene que defenderse, algo cambia. La voz pierde dureza. Empieza a mostrarse como lo que es: una parte asustada que aprendió a protegerte a través del control y la exigencia. Ahí aparece otro tono interno. No blando. No complaciente. Amable y firme a la vez.


Un encuentro distinto con tu crítica interna


Puedes probar este gesto sencillo:


  • Busca un momento de silencio.

  • Piensa en una frase reciente de tu autocrítica: “no valgo”, “lo he hecho fatal”, “nunca me sale bien”. No la rechaces. Obsérvala.

  • Ahora lleva la atención al cuerpo y nota dónde se siente esa voz.

  • Quédate ahí. Sin intentar cambiar nada. Dile internamente: “Estoy aquí contigo”, “No tienes que cambiar ahora”, “Te doy un lugar”.

  • Si surge una emoción, una imagen o una palabra, deja que aparezca. Y si no surge nada, también está bien.


El alivio no llega porque la crítica desaparezca, sino porque ya no está sola.


Qué cambia cuando dejas de luchar contigo


Cuando te acompañas en lugar de exigirte, el cuerpo se relaja. El tono interno cambia. La vergüenza pierde fuerza. Ya no vives intentando demostrar que vales, sino escuchando cuándo te estás forzando más de la cuenta.


La crítica interna no desaparece, pero se transforma. Deja de atacarte y empieza a señalar límites reales. Se convierte en una aliada: la parte que te avisa cuando algo no va bien, sin destruirte por ello.


En resumen


Cambiar tu diálogo interno no consiste en repetirte frases bonitas ni en silenciar lo que sientes. Consiste en ofrecerte algo que quizá nunca tuviste: una presencia interna que no te abandona cuando fallas.

Cuando el cuerpo siente esa presencia, la mente deja de pelear y la voz interior encuentra su tono verdadero: claro, firme y humano.


Este tipo de trabajo con la autocrítica forma parte de los procesos de acompañamiento que realizo en áreas como la salud, las relaciones, la economía o los momentos de bloqueo vital: no para “arreglarte”, sino para cambiar la relación contigo desde dentro.





Comentarios


bottom of page