top of page

La diferencia entre entender una herida y acompañarla

Hay personas que entienden muy bien lo que les pasa. Han leído, han hablado, han pensado. Mucho. Saben ponerle nombre a casi todo lo que sienten. Y aun así, algo no cambia, porque entender una herida y acompañarla no son lo mismo.

Acompañar tiene más que ver con estar que con entender. Y esto lo explico con detalle en Focusing y el lenguaje del cuerpo: cómo escuchar lo que necesitas.



Entender una herida: cuando la mente llega antes que el cuerpo


Entender una herida suele empezar en la cabeza. Es ese momento en el que todo encaja: el pasado, las relaciones, los patrones. De pronto puedes decir:


  • “Claro, esto viene de la infancia”

  • “Ahora entiendo por qué reacciono así”

  • “Tiene sentido que me cueste confiar”

  • “Es una herida de abandono / rechazo / humillación”


Y hay alivio. Porque poner palabras ordena el caos. Pero después del alivio… muchas veces viene la decepción. Porque, aunque lo entiendas todo, el cuerpo sigue reaccionando igual. Sigues tensándote cuando alguien se acerca demasiado. Sigues cerrándote cuando algo duele. Sigues agotándote intentando sostenerlo todo. Puedes ampliar información en el siguiente artículo: Sistema nervioso desregulado: cuando el cuerpo vive en modo supervivencia.

No es incoherencia. Es que el cuerpo no se rige por la lógica, sino por la experiencia. Puedes entender una herida sin que el cuerpo se sienta a salvo.


Acompañar una herida: cuando alguien se queda sin exigir nada


Acompañar una herida es otra cosa. No pasa por comprenderla mejor, sino por estar con ella de otra manera. Es ese momento en el que dejas de preguntarte “qué me pasa” y empiezas a notar cómo se siente lo que pasa. A veces no hay historia clara. Solo hay:


  • un nudo en el estómago

  • una presión en el pecho

  • una garganta que se cierra

  • un cansancio profundo, sin causa concreta


Acompañar no es empujar eso para que se vaya. Es quedarte. Quedarte sin corregirte. Sin decirte que deberías estar mejor. Sin intentar entenderlo todo en ese instante. Es una presencia sencilla, pero muy poco habitual: no abandonarte cuando algo duele.


Por qué entender no basta (y no es un fracaso)


Muchas personas se frustran porque sienten que “ya han hecho suficiente”. Que ya han trabajado mucho, que ya se conocen, que ya lo tienen claro. Y esa frustración suele esconder una exigencia silenciosa: “Si lo entiendo, debería haberse ido”. Pero las heridas no funcionan así.

Entender es importante, sí. Pero muchas veces entendemos tanto que quedamos atrapadas en el análisis. Puedes ampliar información sobre esto en Por qué no puedes cambiar tu mentalidad aunque lo intentes (y qué está pidiendo realmente tu cuerpo). Pero el cuerpo cambia cuando percibe seguridad, no cuando recibe explicaciones. Por eso hay personas muy conscientes, muy lúcidas, que siguen viviendo en tensión interna. No porque estén haciendo algo mal, sino porque nadie les enseñó a acompañarse, solo a analizarse.


El error más común: querer soltar sin haber sostenido


Se habla mucho de soltar. Soltar el pasado, soltar el dolor, soltar lo que ya no sirve. Pero hay algo de lo que se habla poco: no se puede soltar lo que nunca fue sostenido. Muchas heridas se formaron en momentos donde:


  • no hubo escucha

  • no hubo espacio

  • no hubo alguien que se quedara


Y ahora, desde la adultez, intentamos soltar aquello que en realidad nunca pudo descansar. El cuerpo no necesita que lo empujes a soltar. Necesita sentir que esta vez no está solo con eso. En el siguiente artículo explico las consecuencias de no procesar ciertas experiencias: Bloqueo emocional: cuando el cuerpo guarda una experiencia completa que no pudo ser procesada.


Acompañar no es recrear el dolor, es darle un lugar


Acompañar una herida no significa revivirla una y otra vez. No es hundirse en el pasado ni quedarse atrapada ahí. Es algo mucho más simple y más profundo a la vez: darle un lugar interno a lo que fue expulsado. Cuando una herida se siente acompañada:


  • baja la intensidad

  • cambia la forma en que aparece

  • deja de colarse en todo


No siempre desaparece, pero ya no manda. Deja de gritar porque, por fin, alguien escucha sin pedirle que cambie.


Cuando una herida se acompaña, el cuerpo aprende algo nuevo


El cuerpo aprende que ahora hay presencia. Que ahora hay tiempo. Que ahora no hace falta sobrevivir como antes. Y ese aprendizaje no es mental. Es lento, sutil, corporal.

No ocurre porque “lo entiendas mejor”, sino porque te quedas cuando antes te ibas. Ahí empieza la integración.


No todo se sana entendiendo. Algunas cosas se integran acompañando


Y eso no te hace débil. Te hace honesta con tu proceso. Si sientes que sabes mucho sobre ti, pero hay algo que no termina de aflojar… Quizá no necesitas más respuestas. Quizá tu cuerpo no necesita que lo empujes. Quizá solo necesita que no lo abandones cuando duele.


Si esto te resuena, aquí puedes ver cómo funcionan mis sesiones de acompañamiento.




Comentarios


bottom of page