Qué terapia elegir si tengo ansiedad: cómo saber qué enfoque realmente te puede ayudar
- Mai Pareja
- 18 oct
- 4 Min. de lectura
Actualizado: 2 nov
Durante mucho tiempo se pensó que la ansiedad era “mental”. Hoy sabemos que es una experiencia completa: cuerpo, emoción, pensamiento y energía se entrelazan.
Por eso, las terapias más efectivas no se limitan a calmar los pensamientos, sino que ayudan a restaurar el equilibrio en varios planos. A veces necesitas entender lo que te ocurre; otras, sentirlo y atravesarlo. En algunos momentos, incluso limpiar lo que energéticamente se ha quedado adherido y no te deja descansar.
En este artículo exploraremos diferentes terapias para la ansiedad que abordan esos planos de forma complementaria: desde la psicoterapia cognitivo-conductual, centrada en entrenar la mente, hasta enfoques más vivenciales como el focusing, que ayuda a escuchar el cuerpo y aflojarlo desde dentro, o el péndulo hebreo, que trabaja sobre la energía para devolverle armonía al sistema.
Veremos en qué casos puede ser útil cada una y cómo combinarlas para que el proceso de recuperación sea más integral y sostenible.

1. Terapia cognitivo-conductual: entrenar la mente para que no te domine
La terapia cognitivo-conductual (TCC) es la más recomendada cuando la ansiedad se manifiesta con pensamientos repetitivos, anticipación o miedo constante. Su objetivo no es eliminar la ansiedad de inmediato, sino enseñarte a pensar de otra manera: identificar los pensamientos que la alimentan, cuestionarlos y sustituirlos por otros más realistas y amables.
La TCC trabaja con ejercicios, registros y exposición gradual. Es una terapia con método, ideal cuando quieres reducir síntomas y ganar claridad mental.
2. Focusing: ir al cuerpo en lugar de analizar la ansiedad
Cuando intentamos controlar la ansiedad con la cabeza, suele pasar lo mismo que con una cuerda: cuanto más tiramos, más se tensa. El focusing propone justo lo contrario. En lugar de analizar o teorizar sobre lo que te pasa, te invita a bajar al cuerpo y escucharlo sin juicio.
La ansiedad no desaparece porque la entiendas, sino cuando el cuerpo se siente acompañado y seguro. El focusing te enseña a quedarte presente con esa sensación —ese nudo, esa opresión, esa incomodidad— sin intentar cambiarla enseguida. Y en ese gesto de escucha amable, el cuerpo empieza a aflojar la tensión que sostenía. Si quieres saber más sobre cómo el focusing puede ayudar con la ansiedad, te recomiendo leer este artículo: Focusing y ansiedad.
Es un proceso de reconexión: de pasar del ruido mental a la presencia corporal. No se trata de pensar menos, sino de darle voz a lo que el cuerpo lleva tiempo queriendo decirte. Cuando el cuerpo se siente escuchado, deja de gritar a través de la ansiedad.
3. Péndulo hebreo: liberar las emociones atrapadas y calmar el bucle mental
El péndulo hebreo trabaja en el plano energético, pero sus efectos se sienten también en lo emocional y mental. La ansiedad muchas veces no se mantiene por lo que ocurre ahora, sino por emociones atrapadas que siguen activando el sistema nervioso: miedo, culpa, preocupación, sensación de peligro.
Con el péndulo hebreo se limpian esas memorias energéticas que el cuerpo no ha podido soltar, ayudando a que la energía vuelva a circular de forma natural. Cuando eso ocurre, el bucle mental se calma. Los pensamientos dejan de girar sobre lo mismo porque ya no hay una carga energética sosteniéndolos.
No es magia: es regulación. El sistema recupera su equilibrio y la persona siente más espacio interno, más silencio mental y más descanso. Por eso, combinarlo con un enfoque psicológico o corporal puede ser tan eficaz: mientras uno te da comprensión, el otro libera la raíz emocional que mantenía la ansiedad activa.
4. Combinar terapias: una mirada integradora
Elegir una terapia para la ansiedad no siempre significa elegir solo una. De hecho, la combinación suele ser lo más efectivo, porque la ansiedad es multifacética.
Por ejemplo:
TCC + focusing → para quienes necesitan entender racionalmente lo que les pasa, pero también procesarlo emocionalmente.
Focusing + péndulo hebreo → para liberar memorias emocionales o lealtades familiares que sostienen la ansiedad.
TCC + péndulo hebreo → para sostener el cambio cognitivo desde una base energética más equilibrada.
La integración permite atender el síntoma desde varios planos: pensamiento, emoción, cuerpo y energía. Y eso acelera la recuperación sin forzar el proceso.
Conclusión
La ansiedad no es una enemiga que haya que eliminar, sino un lenguaje del cuerpo y del sistema que pide ser escuchado. A veces se expresa en pensamientos que no paran; otras, en una presión constante o en una sensación de no poder relajarte nunca.
Por eso, no hay una sola terapia que funcione para todos, sino caminos que se complementan. La terapia cognitivo-conductual puede ayudarte a poner orden en tu mente y aprender a responder de otro modo ante lo que te asusta. El focusing te ofrece un espacio para sentir con seguridad lo que el cuerpo guarda y empezar a soltarlo. Y el péndulo hebreo puede liberar la carga emocional y energética que sigue sosteniendo la ansiedad, para que todo el sistema recupere calma y claridad.
Elegir una terapia no es un acto técnico: es un gesto de cuidado. Lo importante no es controlar la ansiedad, sino entender lo que necesita cada parte de ti —tu mente, tu cuerpo y tu energía— para volver a sentirse en equilibrio. Cuando ese diálogo se restablece, la ansiedad deja de ocupar todo el espacio y empieza a transformarse en algo más amable: una señal de conexión contigo.
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