Focusing y ansiedad: cómo calmar la mente escuchando al cuerpo
- Mai Pareja
- 30 oct
- 3 Min. de lectura
Actualizado: 2 nov
Cuando la mente no para, el cuerpo suele ser quien paga el precio. Apretas la mandíbula, el pecho se cierra, el estómago se tensa. Y por más que intentes relajarte, las sensaciones siguen ahí.
La ansiedad no siempre se calma pensando distinto: a veces se calma escuchando de otra manera. Ahí es donde el Focusing se convierte en un camino real de alivio.
Si todavía no conoces esta técnica, te recomiendo leer primero qué es el Focusing y cómo funciona, donde explico sus bases y beneficios principales.

La ansiedad no vive solo en la mente
La ansiedad suele entenderse como un exceso de pensamientos o preocupaciones. Pero en realidad, es un estado corporal: el cuerpo queda en alerta, sosteniendo algo que la mente no logra resolver. Por eso aparecen síntomas físicos —taquicardia, tensión, falta de aire, opresión en el pecho— incluso cuando “no pasa nada”.
El cuerpo intenta avisar, pero muchas veces solo queremos que se calle. El Focusing, en cambio, propone lo contrario: escucharlo. Porque cuando el cuerpo se siente realmente atendido, el sistema nervioso puede relajarse sin esfuerzo. Si quieres profundizar más en el tema, te recomiendo leer este artículo: Cómo calmar la ansiedad sin pensar positivo.
Qué es el Focusing y cómo ayuda en la ansiedad
El Focusing es una técnica terapéutica desarrollada por Eugene Gendlin que enseña a conectar con las sensaciones corporales que acompañan a las emociones. No se trata de analizar la ansiedad ni de luchar contra ella, sino de acercarse a la sensación física que la representa —ese nudo, esa presión, ese calor— y acompañarla con atención, sin juicio ni prisa.
Cuando esa parte del cuerpo se siente escuchada, algo cambia: el cuerpo suspira, el ritmo interno baja, y la mente deja de girar en círculos. El alivio no viene de “entender” lo que pasa, sino de dar espacio a lo que estaba contenido.
Por qué el cuerpo necesita ser escuchado
El cuerpo guarda información que la mente no alcanza. Cada vez que reprimimos una emoción o evitamos un miedo, el cuerpo la sostiene en forma de tensión. El Focusing permite acercarse a esa tensión con curiosidad, no con miedo. Y en ese gesto —tan simple, tan humano— ocurre algo profundo: el cuerpo se siente seguro otra vez.
Esa seguridad fisiológica es la base de cualquier regulación emocional. Por eso el Focusing reduce la ansiedad desde dentro, sin necesidad de forzar pensamientos positivos ni controlar la respiración.
Si quieres vivir este proceso acompañada, puedes conocer más sobre mis sesiones de Focusing.
Focusing y el sistema nervioso
La práctica del Focusing activa la respuesta de relajación natural del cuerpo. Al poner atención amable en la sensación corporal, el sistema nervioso parasimpático entra en juego, reduciendo el cortisol y generando una sensación espontánea de calma. Por eso, muchas personas sienten alivio incluso en la primera sesión: la mente se aquieta porque el cuerpo por fin puede descansar.
Cómo practicar Focusing cuando sientas ansiedad
Puedes probar una versión sencilla en casa:
Detente un momento y lleva la atención al cuerpo.
Nota dónde se siente la ansiedad con más fuerza.
Observa la sensación sin intentar cambiarla.
Pregúntate: ¿cómo es esto? ¿qué necesita esta parte de mí?
Espera. A veces solo con eso, el cuerpo respira distinto.
No se trata de “hacerlo bien”. Solo de escuchar con respeto.
Cuándo pedir acompañamiento profesional
Si la ansiedad es intensa, frecuente o te impide descansar, es mejor practicar Focusing acompañado. Un terapeuta o facilitador puede ayudarte a sostener ese espacio con seguridad y guiar el proceso de escucha corporal sin forzar nada. El cuerpo siempre tiene su propio ritmo, y cuando se lo respeta, el cambio ocurre con suavidad.
Conclusión: calmar la mente empieza por sentir
La ansiedad no se vence, se acompaña. Y el cuerpo es el lugar donde empieza esa calma que la mente busca. El Focusing es una manera simple y profunda de volver a vos misma, de recuperar el contacto con lo que sentís y permitir que el cuerpo encuentre su equilibrio natural.
Si quieres aprender a hacerlo con acompañamiento profesional, puedes reservar tu sesión de Focusing —presencial en Olot u online— y comenzar a escuchar lo que tu cuerpo tiene para contarte.






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