Focusing y merecimiento: cómo sanar la herida de no sentirse suficiente
- Mai Pareja
- 31 oct
- 4 Min. de lectura
Podemos trabajar duro, cuidar a todos, hacer lo correcto y aun así sentir que no alcanzamos. Esa sensación de fondo —de no merecer amor, descanso o reconocimiento— no se resuelve solo meditando o repitiendo frases positivas. Suele tener raíces más antiguas, grabadas en el cuerpo desde la infancia, cuando aprendimos que recibir podía ser peligroso o que el cariño había que ganárselo.

El merecimiento también se graba en el cuerpo
El merecimiento no es una idea; es una sensación física de permiso o de cierre. Cuando algo se siente bien y seguro, el cuerpo se expande; cuando parece demasiado, se tensa o se retrae. Podemos decir “sé que lo valgo”, pero si el cuerpo no lo cree, nada cambia.
El problema es que ese cierre corporal no nació en la adultez. Comenzó cuando éramos niñas, en momentos en los que pedir, recibir o necesitar generaba culpa o miedo. Tal vez cuando nuestros padres estaban sobrecargados y aprendimos a no molestar, o cuando el amor llegaba condicionado: “te quiero si te portas bien”. En el cuerpo, eso se convirtió en una forma de protección: contener, no pedir, no necesitar.
Con el tiempo, esa protección se transforma en una postura emocional de escasez o autoexigencia. El cuerpo sigue actuando como si aún estuviera en peligro, incluso cuando ya no lo está.
Cómo el Focusing trabaja con la herida de la niña interior
El Focusing, desarrollado por Eugene Gendlin, es una técnica de escucha corporal que permite acercarse a las memorias emocionales sin revivirlas ni analizarlas, sino acompañándolas desde la sensación física.
Durante una sesión, al conectar con frases internas como “no me lo merezco”, “no puedo pedir” o “tengo que hacerlo sola”, suele aparecer una sensación sentida: una opresión, un nudo, una incomodidad. Esa sensación no es el obstáculo, sino la puerta a una parte más joven que aún está esperando sentirse acompañada.
La mayoría de esas partes se formaron en la infancia, cuando aprendimos a adaptarnos para sobrevivir emocionalmente: callar para no molestar, cuidar para ser queridas, rendir para recibir atención. El cuerpo lo registró todo. Cada vez que una necesidad no fue atendida, el sistema nervioso grabó un mensaje silencioso: “si necesito, me arriesgo a perder el amor”. Por eso, de adultas, el cuerpo se cierra ante el recibir: no es resistencia, es protección aprendida.
Aquí el Focusing ofrece algo radicalmente diferente: no intenta convencer ni cambiar la creencia, sino generar una nueva experiencia corporal que la contradiga. La niña interior, en términos terapéuticos, no se “cura” con palabras, sino con una sensación de seguridad real que el cuerpo puede sentir. Cuando esa parte interna percibe —a través de la respiración, del contacto interno y del silencio presente— que ya no está sola ni exigida, el cuerpo comienza a relajarse. Y esa relajación no es un simple alivio: es la actualización del sistema nervioso, una prueba tangible de que la amenaza terminó.
A partir de ahí, la historia interna cambia sin necesidad de forzarla. El merecimiento empieza a sentirse posible porque el cuerpo, literalmente, vuelve a confiar.
Por qué el cuerpo no puede recibir si no se siente seguro
Desde la biología, recibir implica relajación: el sistema nervioso parasimpático debe activarse para permitir descanso, placer y apertura. Si el cuerpo está en alerta, no puede abrirse sin sentir riesgo. Por eso muchas personas sienten culpa o ansiedad cuando algo bueno llega: el cuerpo aún asocia la apertura con peligro o pérdida de control.
El Focusing actúa precisamente en ese punto: restaura la sensación de seguridad fisiológica. Cuando el cuerpo siente que ya no necesita protegerse, puede abrirse naturalmente a recibir amor, dinero, reconocimiento o cuidado sin tensión ni vergüenza.
El merecimiento como experiencia, no como concepto
El merecimiento no se enseña ni se impone: se experimenta. Cada vez que el cuerpo recibe algo sin cerrarse —un halago, un descanso, una ayuda—, registra una nueva información: esto es seguro. El Focusing ayuda a consolidar ese aprendizaje, porque permite sentir el permiso en tiempo real.
El objetivo no es crear una versión perfecta de nosotras mismas, sino dejar de sostener el patrón de carencia heredado. Cuando la niña interior ya no necesita protegerse, el cuerpo puede abrirse a la vida sin miedo.
Beneficios del Focusing en el trabajo del merecimiento
Libera la tensión corporal asociada a la culpa o la autoexigencia.
Repara memorias emocionales de la infancia sin revivirlas.
Fortalece la autoestima desde la sensación de seguridad y suficiencia.
Facilita la apertura al placer, al descanso y a la abundancia.
Integra mente, emoción y cuerpo, generando cambios sostenibles en la forma de relacionarse con uno mismo y con los demás.
Conclusión
El merecimiento no se construye repitiendo “yo valgo”, sino sintiendo que el cuerpo puede relajarse y creerlo. El Focusing permite acompañar a esa parte interna que aprendió a no necesitar, dándole la experiencia corporal de ser vista y cuidada. Cuando esa memoria se integra, el permiso para recibir llega solo. Y lo que antes parecía esfuerzo, empieza a sentirse natural.
Puedes reservar tu sesión de Focusing —presencial en Olot u online— y comenzar a reconectar con esa parte de vos que sabe que sí merece.






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