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¿Tiene sentido hacer una limpieza energética cada vez que te pasa algo?

15 mar 2023
7 min de lectura

Actualizado: 8 ago

Muchas veces, cuando notamos que empezamos a discutir con todo el mundo, nos sentimos más cansadas o sensibles de lo normal, o parece que las cosas se tuercen y los proyectos dejan de avanzar, automáticamente buscamos una explicación fuera de nosotras. "Seguro me han enviado un mal de ojo o una brujería para cerrarme los caminos", "Seguro estoy cargada con energías densas"... Esto es completamente normal. Todos necesitamos darle sentido a lo que estamos viviendo, entender lo que nos pasa. Y la idea de que una energía externa es la responsable de todo lo que nos ocurre puede resultar muy atractiva, porque sitúa el origen fuera de una misma, ofreciendo una explicación sencilla a situaciones que, en realidad, suelen ser mucho más complejas.


Si el bloqueo depende de algo que está fuera de mí, entonces no necesito preguntarme qué parte de lo que estoy viviendo tiene que ver con mi historia personal y mis creencias, qué patrones estoy repitiendo o qué decisiones y cambios me está costando tomar.


Sin embargo, la mayoría de las veces, cuando observo estos procesos en consulta, el problema casi nunca está en una energía negativa. Lamentablemente, esto no significa que esas energías no existan. Significa que existen otros motivos que también conviene valorar antes de concluir el origen energético como única explicación a un problema.



Aunque es cierto que una limpieza energética puede ayudar en muchos momentos, y yo misma la realizo dentro de algunos procesos de acompañamiento, no siempre es la respuesta ante cualquier malestar. Por eso, antes de atribuir lo que está ocurriendo a una energía externa o plantear directamente una limpieza energética, creo que es importante comprender cuál es el estado de la persona y qué está sucediendo realmente en su vida. Porque que un área se haya bloqueado, que hayan aumentado los conflictos o que sintamos que las cosas han dejado de funcionar como antes no significa necesariamente que exista algo externo interfiriendo.


A veces encontramos un miedo que está impidiendo tomar una decisión que hace tiempo que sabemos que necesitamos tomar. Otras veces hay inseguridades, creencias que nos llevan al autosabotaje, dificultad para poner límites o una pérdida de confianza en una misma que hace que empecemos a actuar de una manera diferente contribuyendo, sin darnos cuenta, a mantener aquello que nos está generando malestar.


Recuerdo, por ejemplo, el caso de una clienta que estaba teniendo muchos problemas en la empresa y la situación laboral se había ido deteriorando hasta el punto de sentir que todo se estaba bloqueando. Durante un tiempo, hicimos varias limpiezas energéticas y, aunque después de realizarlas parecía que las cosas mejoraban, al cabo de poco la situación volvía a empeorar.


En aquel momento, desde el trabajo energético que realizamos, consideré que había algo que limpiar y ese trabajo se hizo. Las cosas empezaron a moverse, se fueron algunos trabajadores y llegaron otros nuevos. Sin embargo, con el tiempo comenzaron a aparecer otros problemas, esta vez relacionados directamente con el funcionamiento de la empresa y con la relación con los trabajadores. Algunos de ellos empezaron a tener comportamientos que perjudicaban seriamente el funcionamiento del negocio. Mi clienta, sin embargo, seguía interpretando lo que estaba ocurriendo desde el mismo lugar: tenía que haber nuevamente alguna energía negativa detrás de todo aquello. Y ahí fue cuando consideré que seguir haciendo limpiezas no era la respuesta.


Lo que estaba ocurriendo ya no podía abordarse únicamente desde lo energético porque había un problema estructural y relacional dentro de la empresa que necesitaba acciones concretas. Había que revisar cómo se estaba organizando el negocio, qué comportamientos se estaban permitiendo, qué límites era necesario establecer y qué decisiones tenían que tomarse respecto a determinados trabajadores. Pero había algo que hacía especialmente difícil afrontar todo aquello: el miedo a que los trabajadores se marcharan. Ese miedo había ido condicionando muchas de sus decisiones. Para evitar perderlos, fueron tolerando situaciones que les perjudicaban, posponiendo conversaciones incómodas y renunciando poco a poco a ejercer la autoridad que les correspondía dentro de su propia empresa.


Cuando les planteé que era necesario trabajar también esa parte —los límites, el miedo, la inseguridad, las creencias que estaban detrás y la propia organización de la empresa— no hicieron ningún cambio. El miedo pesaba demasiado. Finalmente, los trabajadores terminaron marchándose y ellas se quedaron solas al frente del negocio.


Para mí, este caso explica muy bien por qué hay que tener cuidado con convertir las energías negativas en la explicación de todo lo que nos ocurre. Que en un determinado momento consideremos necesario realizar una limpieza energética no significa que cada dificultad que aparezca después tenga el mismo origen. A veces el problema cambia, pero nosotras seguimos intentando solucionarlo con la misma herramienta. Y mientras sigamos preguntándonos qué hay que limpiar, dejamos de preguntarnos qué estoy permitiendo, qué decisión llevo meses evitando, dónde no estoy poniendo límites, qué miedo está dirigiendo mis decisiones o en qué lugar he dejado de ejercer la autoridad que sí tengo sobre mi propia vida.


Una limpieza energética puede formar parte de un proceso, pero no puede sustituir esas decisiones. No puede reorganizar una empresa, mantener una conversación difícil ni poner un límite por nosotras. Y creo que saber distinguir cuándo necesitamos un apoyo energético y cuándo la vida nos está pidiendo que actuemos es una parte fundamental de este trabajo.


Por eso, para mí, una limpieza energética nunca debería convertirse en una explicación automática de aquello que no está funcionando. Antes hay que mirar qué está pasando, qué decisiones estamos tomando —y cuáles estamos evitando—, desde dónde nos estamos relacionando con los demás y qué parte del conflicto puede estar sostenida por nuestros propios miedos, creencias o inseguridades. Porque si no miramos todo esto, corremos el riesgo de intentar limpiar fuera aquello que, en realidad, necesita ser trabajado dentro.


¿Cuándo puede ser recomendable hacer una limpieza energética?


Hasta ahora he hablado mucho de cuándo una limpieza energética puede no ser la respuesta, pero eso no significa que yo no trabaje con ella o que considere que nunca sea necesaria. La utilizo y hay momentos en los que considero que puede ser un buen apoyo. La diferencia está en no convertirla en la explicación automática de cualquier cosa que nos ocurre.


Uno de esos momentos puede ser cuando un área de nuestra vida cambia, o parece bloquearse de forma repentina, sin que haya una explicación clara desde el inicio. Todo funcionaba con cierta normalidad y, sin haber realizado ningún cambio significativo, comienzan a aparecer dificultades una detrás de otra. Esto no demuestra que exista una causa energética —también pueden existir factores que todavía no hemos identificado—, pero sí puede ser uno de los motivos por los que yo valoraría qué está ocurriendo antes de decidir si tiene sentido realizar una limpieza.


También suelo tener en cuenta los ambientes en los que una persona pasa muchas horas. No vivimos aisladas de lo que sucede a nuestro alrededor. Trabajar durante meses en un entorno extremadamente conflictivo, convivir con personas tóxicas o excesivamente demandantes, o permanecer en lugares donde existe mucho sufrimiento, desesperación o tensión puede acabar afectándonos de formas muy profundas. Parte de ese impacto puede explicarse perfectamente desde lo psicológico y lo fisiológico: estamos constantemente percibiendo el estado de las personas que nos rodean, reaccionando ante conflictos, regulándonos y adaptándonos al ambiente. Desde mi manera de entender el trabajo energético, en situaciones así una limpieza energética puede utilizarse como un apoyo adicional para descargar y recuperar cierta sensación de equilibrio y bienestar.


Algo parecido ocurre cuando llevamos mucho tiempo conviviendo con estrés y preocupación. No hace falta que haya sucedido nada catastrófico. A veces son meses intentando resolver problemas, haciéndonos cargo de demasiadas cosas, durmiendo peor, anticipando continuamente lo que puede ocurrir, con la sensación interna de no poder bajar nunca la guardia. Cuando vivimos así durante mucho tiempo, nuestra capacidad para afrontar nuevas dificultades disminuye y cualquier cosa empieza a afectarnos mucho más.

Además, podemos entrar poco a poco en un ciclo de pesimismo y negatividad. Cuando llevamos mucho tiempo esperando problemas, nuestra atención empieza a dirigirse con mayor facilidad hacia todo lo que confirma que las cosas van mal. Nos fijamos más en los obstáculos, anticipamos resultados negativos y podemos tomar decisiones desde el miedo o el agotamiento. Aquí tampoco hablaría necesariamente de una energía negativa externa: muchas veces hay un estado emocional y fisiológico que necesita ser atendido. Sin embargo, dentro de un proceso más amplio, una limpieza energética puede utilizarse como una forma de acompañar ese momento y favorecer la sensación de cerrar una etapa para empezar a relacionarnos de otra manera con lo que estamos viviendo.


También hay personas que recurren al trabajo energético mientras atraviesan un proceso relacionado con su salud. En estos casos considero especialmente importante aclarar una cosa: una limpieza energética no trata una enfermedad, no sustituye un diagnóstico ni un tratamiento médico y no debería utilizarse como alternativa a la atención de profesionales sanitarios.

Cuando atravesamos una enfermedad, especialmente si es un proceso largo, difícil o vivido con mucho miedo, no solamente atravesamos una serie de síntomas físicos. Durante ese tiempo también podemos vivir incertidumbre, dolor, intervenciones, tratamientos, preocupación por lo que podía ocurrir, cambios importantes en nuestra vida y, en ocasiones, una sensación prolongada de vulnerabilidad. Todo ello puede acabar debilitando el campo energético, drenando nuestra vitalidad y volviéndonos más sensibles al ambiente y las energías de las demás personas.


Por todo esto, quizás tu conflicto necesite una limpieza, pero quizá necesite descansar, poner un límite, salir de un ambiente que te está haciendo daño, pedir ayuda, tomar una decisión que llevas meses evitando o trabajar el miedo desde el que estás viviendo. Y una cosa no necesariamente excluye la otra.


El problema aparece cuando esperamos que la limpieza haga por nosotras aquello que nos corresponde hacer a nosotras.


¿No sabes si necesitas una limpieza energética?


Si estás atravesando una etapa en la que sientes que algo se ha bloqueado, que todo parece haberse complicado de repente o simplemente tienes dudas sobre si una limpieza energética podría ayudarte, puedes escribirme y contarme brevemente qué está ocurriendo.


Antes de recomendarte una limpieza, prefiero conocer tu situación y valorar contigo qué puede estar detrás de lo que estás viviendo. Porque, como hemos visto a lo largo de este artículo, no todo bloqueo tiene un origen energético y, en ocasiones, lo que necesitamos no es limpiar, sino trabajar aquello que nos está impidiendo avanzar.


Puedes contactar conmigo directamente por WhatsApp o conocer más sobre mi forma de trabajar y las sesiones que realizo en www.maipareja.com







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