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Relaciones kármicas: cuando una conexión intensa se convierte en una razón para no soltar

3 ene
5 min de lectura

Actualizado: 12 ago

Hace un tiempo, durante una sesión de valoración, una mujer me hablaba de una relación que para ella estaba siendo profundamente significativa, pero a la vez dolorosa. Sentía una conexión muy fuerte con aquel hombre y tenía la sensación de que no se habían encontrado por casualidad. Desde que lo conocía había cambiado muchas cosas, había crecido espiritualmente y había empezado a mirar partes de sí misma que hasta entonces ni siquiera sabía que estaban ahí.


El problema era que la relación también se estaba complicando. Habían aparecido dinámicas que le hacían daño, cada vez había más sufrimiento y, aunque una parte de ella podía verlo, otra seguía profundamente agarrada al vínculo.


En algún momento le hablé de la posibilidad de trabajar el cierre. Las relaciones kármicas suelen iniciar con esa intensidad y acabar de forma muy tóxica si no se sueltan cuando el aprendizaje ya ha concluido. Pero ahí apareció una resistencia muy sutil por su parte que señalaba que no quería hacerlo. ¿Y si esa relación todavía tiene algo que enseñarme? Me decía. ¿Y si cambia? ¿Y si ya no siento esa conexión con nadie más?


Y esto me hizo pensar en algo que veo con mucha frecuencia cuando utilizamos una mirada espiritual para comprender nuestras relaciones: la explicación inicial que nos ayuda a dar sentido a lo que estamos viviendo puede acabar convirtiéndose en la razón para permanecer ahí.


el peligro de romantizar una relación kármica

Que una relación sea importante no significa que tenga que durar


No me interesa aquí debatir si las relaciones kármicas existen o no. Podemos entenderlas como vínculos que llegan a nuestra vida y movilizan algo especialmente profundo, relaciones en las que sentimos una familiaridad difícil de explicar o que parecen confrontarnos con determinados aprendizajes.


El problema aparece cuando convertimos ese significado en una obligación. Si esta persona ha llegado por algo, tengo que descubrir para qué. Si tenemos un vínculo kármico, todavía tenemos algo pendiente. Si esta relación me ha hecho evolucionar tanto, quizá no debería abandonarla ahora. Si siento semejante conexión, tiene que existir alguna manera de conseguir que funcione. Y sin darnos cuenta dejamos de preguntarnos por la relación que tenemos para empezar a relacionarnos con todo lo que creemos que esa relación significa.


Una persona puede haber sido importantísima en nuestra vida, pero no ser una persona con la que podamos construir una relación sana. Puede habernos mostrado partes de nosotras que necesitábamos conocer y, aún así, haber llegado el momento de separarnos. Puede incluso haber marcado un antes y un después en nuestra vida sin que eso signifique que tenga que acompañarnos en el después.


A veces nos cuesta aceptar que no todo lo que transforma nuestra vida está destinado a permanecer en ella.


Cuando la espiritualidad nos ayuda a no mirar lo que duele


Hay un concepto que se utiliza para hablar de esto: el bypass espiritual. Ocurre cuando utilizamos determinadas ideas espirituales para evitar entrar en contacto con emociones, conflictos o realidades que resultan difíciles de sostener.


Podemos hablar de karma, contratos de alma, llamas gemelas, sincronicidades o conexiones de otras vidas y dedicar muchísima energía a intentar comprender qué significa espiritualmente una relación. Pero mientras buscamos respuestas en ese nivel, estamos evitando mirar el miedo que tenemos de perder a esa persona, o esa intensidad, que seguimos esperando que cambie, que nos cuesta aceptar que la relación real no se parece a la que imaginábamos, o que hay una parte de nosotras empeñada en conseguir que, esta vez sí, alguien nos elija, incluso aceptar que todo ese sufrimiento ha sido en vano.


La mirada espiritual no tiene por qué ser el problema. El problema es que creemos que estamos intentando comprender el vínculo cuando, en realidad, estamos buscando una explicación suficientemente poderosa como para no tener que aceptar que aquello no está funcionando, y poder permanecer ahí.


Cuando la intensidad parece confirmar que esa persona es especial


Hay otro elemento que puede reforzar muchísimo esta idea de estar viviendo una relación excepcional: la intensidad. Cuando un vínculo nos moviliza como ningún otro, es fácil interpretar esa intensidad como una prueba de que existe algo especialmente profundo entre ambas personas y que todo el sufrimiento vale la pena.

Sin embargo, hay relaciones que generan muchísima intensidad precisamente porque activan continuamente nuestro sistema nervioso. Si existe incertidumbre, momentos de mucha cercanía seguidos de distancia, separaciones y reconciliaciones, o nunca terminamos de saber qué lugar ocupamos para la otra persona, nuestro cuerpo puede permanecer en un estado de enorme atención hacia ese vínculo. Empezamos a observar pequeños cambios, esperamos mensajes, analizamos conversaciones y sentimos un gran alivio cuando la otra persona vuelve a acercarse, para entrar nuevamente en angustia cuando se distancia.


Todo esto puede hacer que la relación ocupe muchísimo espacio dentro de nosotras y que acabemos interpretando esa presencia constante como profundidad. Pero una relación puede ser muy intensa sin ser necesariamente una relación segura, compatible o capaz de sostenerse en el tiempo. Por eso, además de preguntarnos por qué sentimos una conexión tan fuerte con alguien, puede ser interesante preguntarnos qué está tocando esa persona en nosotras para que su presencia y su ausencia tengan tanto poder sobre nuestro estado emocional.


¿Y si completar el aprendizaje no significa salvar la relación?


Creo, sinceramente, que una de las razones por las que nos cuesta tanto cerrar determinadas relaciones es porque sentimos que hacerlo convertiría todo lo vivido en una especie de fracaso. Si esa persona apareció en nuestra vida, nos removió profundamente, nos obligó a mirar partes de nosotras que desconocíamos y desencadenó un proceso de crecimiento importante, nos cuesta aceptar que todo eso pueda terminar simplemente con una separación. Después de tanto movimiento esperamos, de alguna manera, que exista una recompensa final y que todo ese aprendizaje nos conduzca hacia una versión mejor de la relación.

Pero el aprendizaje que surge de un vínculo no siempre consiste en aprender a relacionarnos mejor con esa misma persona. A veces lo que aprendemos dentro de una relación es precisamente lo que nos permite dejar de necesitarla.


Si una relación te ha obligado a aprender a poner límites, puede llegar un momento en que ponerlos implique dejar de aceptar una dinámica que te hace daño. Si te ha llevado a darte cuenta de hasta qué punto necesitas sentirte elegida, quizá el siguiente movimiento no sea conseguir finalmente que esa persona te elija, sino empezar a preguntarte por qué has puesto tu propio valor en sus manos. Y si ese vínculo ha activado profundamente tu miedo al abandono, trabajar ese miedo no tiene por qué conducir a conseguir que la otra persona nunca se vaya, sino a poder sostenerte incluso cuando alguien decide hacerlo.


Por eso me parece interesante llevar la propia idea de las relaciones kármicas un poco más lejos. Si creemos que algunas personas aparecen en nuestra vida para mostrarnos algo, también tendremos que contemplar que no todas vienen para quedarse después de habérnoslo mostrado.


Cerrar una relación no borra lo vivido ni invalida su importancia. Tampoco significa que la relación tenga que terminarse automáticamente. A veces, al liberar lo que une a ambas personas desde el dolor y el sufrimiento, la relación se reordena y puede vivirse desde otro lugar. Otras veces, en cambio, la relación se termina definitivamente porque todo lo que tenía que movilizar ya se ha movilizado.


¿Sientes que estás en una relación que te atrapa?


Quizá sientes que conoces a esa persona de toda la vida, como si hubiera algo entre vosotros difícil de explicar. Es una relación que te da pasión, vitalidad y momentos de una conexión enorme, pero que al mismo tiempo te consume y te angustia. Hay algo que parece llevaros una y otra vez a las discusiones, los desencuentros, la dificultad para estar bien durante demasiado tiempo.

Y, aunque la conexión sea muy fuerte, quizá también empiezas a sentir que dentro de esa relación no puedes ser del todo tú, que te pierdes intentando sostenerla o que ya no sabes distinguir qué quieres de lo que necesitas que ocurra entre vosotros.


Si estás viviendo una relación así y necesitas comprender qué te está pasando dentro de este vínculo, podemos trabajarlo juntas. Puedes escribirme por WhatsApp o contactar conmigo a través de la web www.maipareja.com para valorar tu situación.




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