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Limpieza energética: cómo hacerla en casa y cuándo necesitas ayuda externa

Hay épocas en las que podemos sentirnos más cargadas de lo habitual. A veces no sabemos explicar demasiado bien qué nos pasa. Simplemente sentimos pesadez, estamos más irritables, nos cuesta descansar o tenemos esa sensación rara de tener que quitarnos algo de encima.


Desde una mirada energética, podemos entender que no solamente necesitamos cuidar nuestro cuerpo físico, sino también nuestro campo energético. Y para hacerlo no siempre es necesario acudir a alguien ni realizar un ritual complicado. Hay pequeñas limpiezas que puedes aprender a hacer tú misma con elementos que seguramente ya tengas en tu despensa.


Para mí, dos de las formas más efectivas y accesibles de hacer limpiezas energéticas son los sahumerios y los baños áuricos o baños amargos de descarga. Pero antes de entrar en cómo hacerlos, hay algo que me parece importante diferenciar: una cosa es utilizar una limpieza energética como una forma de cuidado y otra muy distinta intentar limpiar constantemente algo que quizá necesita ser visto y trabajado de otra forma.



¿Cuándo puede venirte bien una limpieza energética?


No hace falta esperar a encontrarte fatal para hacer una limpieza. De hecho, me gusta mucho más entenderlas como una forma de higiene energética que como una especie de recurso de emergencia al que acudir solo cuando sentimos que algo va mal. Igual que cuidamos nuestra piel o nuestra alimentación, también podemos incorporar determinados gestos que nos ayuden a cerrar el día, soltar lo que hemos ido acumulando y volver a nuestro propio espacio con algo menos de carga.


Puede apetecerte hacer una limpieza después de haber estado muchas horas rodeada de gente, al volver de un lugar en el que has sentido un ambiente especialmente denso, después de una conversación o una discusión que te ha removido mucho o durante una época en la que estás sosteniendo demasiadas cosas a la vez. No necesariamente tiene que haber ocurrido nada extraordinario. A veces simplemente notas que estás cargada y necesitas descargar.


Los sahumerios: limpiar a través del humo


El uso del humo para realizar limpiezas aparece desde hace muchísimo tiempo en diferentes tradiciones. Personalmente, es uno de los recursos que más me gustan porque es sencillo y permite trabajar tanto sobre nuestro propio campo energético como sobre el espacio en el que vivimos.

Además, hoy en día hay muchas opciones y no tienes que preparar tú misma la mezcla si no quieres. Puedes encontrar inciensos preparados específicamente para limpieza y bombas de defumación, que solamente tienes que encender siguiendo las indicaciones del producto.


Pero si te gusta, como a mí, hacer tus propias mezclas, puedes utilizar una copalera o un recipiente resistente al calor. Si no tienes ninguno, puede servirte una sartén vieja o un cazo que hayas decidido reservar exclusivamente para esto. Colocas un carboncillo adecuado para quemar incienso y, cuando esté encendido, vas poniendo sobre él pequeñas cantidades de las plantas secas o resinas que vayas a utilizar.

Aquí puedes jugar con diferentes combinaciones. El romero, por ejemplo, es uno de esos elementos sencillos que podemos tener fácilmente en casa y que tradicionalmente se ha utilizado para limpiar y renovar. También puedes incorporar ruda, eucalipto, salvia o laurel cuando buscas una limpieza más enfocada a la descarga.

Otra posibilidad es utilizar incienso o resina de sándalo. El sándalo funciona como un comodín: cuando no tienes demasiadas cosas en casa, puedes recurrir a él tanto dentro de una limpieza como posteriormente para acompañar el cierre o sellado energético.


No necesitas, por tanto, disponer de diez plantas diferentes para poder hacer tu propio sahumerio.


Si quieres realizarlo sobre ti misma, puedes dejar que el humo recorra suavemente el espacio alrededor de tu cuerpo, siempre con cuidado, y en sentido antihorario, manteniendo una distancia segura del fuego y evitando inhalar directamente el humo. Puedes comenzar desde abajo e ir ascendiendo poco a poco, prestando especial atención a aquellas zonas en las que sientas mayor pesadez. Plexo solar, nuca y lumbares suelen acumular mucha energía densa.


También puedes recorrer las diferentes habitaciones de tu casa con el sahumerio. En este caso me gusta acompañar la limpieza abriendo ventanas, permitiendo que el aire circule. Y recuerda siempre empezar en la zona más alejada de la puerta de entrada, en sentido antihorario, y acabar en la puerta de entrada visualizando como todo queda limpio, libre y armónico a tu paso. Incluso puedes hacer algunos decretos como, por ejemplo: "Este espacio queda libre y protegido de cualquier energía o entidad negativa. Ninguna entidad o energía negativa tiene autoridad para estar aquí ahora".


Pero lo más importante de todo esto no es utilizar cuántas más plantas mejor, sino la intención con la que estás haciendo el trabajo. Mi consejo es que, mientras lo vas haciendo, sientas la liberación en tu propio cuerpo. ¿Cómo se siente tu cuerpo estás tranquila, liberada, feliz, sin ninguna carga ni responsabilidad que te pese? Solo tienes que sentir exactamente eso. Porque para mí hay una diferencia importante entre encender unas hierbas simplemente porque desprenden un aroma agradable y realizar conscientemente un sahumerio.


Baños áuricos o baños de descarga: cómo prepararlos en casa


Otra de mis formas preferidas de realizar una limpieza son los baños áuricos o baños de descarga. Uno de los más básicos es el baño de romero y sal marina. Si no tienes nada más, esta combinación ya puede servirte para hacer una descarga sencilla. Pon agua a hervir y, cuando llegue a ebullición, apaga el fuego. En ese momento añade el romero y déjalo infusionar durante unos minutos. Después puedes colarlo y dejar que el agua alcance una temperatura agradable.

La sal marina prefiero incorporarla después, poco antes de realizar el baño.

Primero te duchas con normalidad y, una vez has terminado, utilizas el preparado como último paso, vertiéndolo lentamente desde el cuello hacia abajo, nunca sobre la cabeza.

No necesitas hacerlo deprisa. Puedes ir dejando caer el agua poco a poco mientras pones atención en aquello que quieres descargar o dejar atrás. Una vez hecho, dejas secar al aire o con un secador.


Algunas combinaciones para tus baños de descarga


A partir de esta base puedes preparar diferentes mezclas dependiendo del momento en el que te encuentres.


Romero + sal marina es probablemente la opción más sencilla. El romero se ha utilizado tradicionalmente en trabajos de limpieza y renovación, por lo que puede ser una buena combinación cuando simplemente notas que necesitas descargar y no tienes demasiados ingredientes en casa.


Romero + ruda + laurel + sal marina puede utilizarse cuando quieres realizar una limpieza algo más intensa. Dentro de los usos tradicionales de estas plantas, la ruda está especialmente vinculada a la limpieza y la protección, mientras que el laurel puede acompañar ese movimiento de renovación y apertura posterior.


Otra posibilidad es combinar romero + eucalipto + salvia + sal marina. La salvia tiene una larga tradición vinculada a la purificación y el eucalipto puede aportar esa sensación de frescura y renovación que muchas veces buscamos después de una etapa especialmente cargada.


El ritual no se vuelve más efectivo porque pongamos ocho plantas diferentes. Es preferible entender qué estamos haciendo, elegir una combinación sencilla y estar presentes durante el proceso.


Una limpieza energética no sustituye lo que necesitas mirar


Imagina que cada vez que quedas con determinada persona vuelves a casa completamente agotada. Puedes hacerte un baño, utilizar un sahumerio y seguramente sentir que te ayuda a descargar parte de lo que llevas encima. Pero si esto sucede cada vez que ves a esa persona, quizá haya que preguntarse qué ocurre cuando estás con ella. Qué pasa con tus límites, cómo te colocas dentro de esa relación, qué estás sosteniendo, qué te cuesta expresar o por qué ese vínculo te deja siempre en ese estado.


Lo mismo puede ocurrir con determinados espacios o situaciones. Si continuamente necesitamos limpiarnos después de exponernos a algo, la limpieza puede ayudarnos, pero no debería convertirse en una forma de evitar mirar aquello que nuestro propio malestar está intentando mostrarnos. Porque entonces podemos terminar entrando en un bucle: limpiar, volver a exponernos exactamente a lo mismo, volver a cargarnos y volver a limpiar.

Y quizá lo que necesitamos ya no es otra limpieza, sino comprender qué está pasando.


¿Puedo hacerme una limpieza yo misma o es mejor que me la haga otra persona?


Creo que es bueno aprender recursos sencillos que nos permitan cuidar nuestra propia energía sin sentir que dependemos continuamente de alguien externo. Puedes aprender a preparar tus propios sahumerios, hacer baños de descarga y crear pequeños rituales de limpieza que formen parte de tu autocuidado. Pero también hay momentos en los que puede ser difícil hacerlo sola.


Cuando llevas mucho tiempo sintiéndote cargada, cuando estás atravesando una etapa especialmente intensa o cuando tienes la sensación de que hagas lo que hagas no consigues terminar de descargar, una mirada externa puede ayudarte. No porque esa persona tenga necesariamente algo que tú no tienes, ni porque debamos entregar nuestro poder a alguien que supuestamente sabe limpiar nuestra energía mejor que nosotras mismas.


A veces simplemente necesitamos ayuda. De la misma manera que hay procesos emocionales que podemos transitar solas y otros en los que agradecemos que alguien nos acompañe, con el trabajo energético también puede ocurrir.


En esos casos, una limpieza energética más profunda puede servir para ayudarte a descargar, desbloquear o movilizar aquello que en ese momento está resultando difícil mover por ti misma.


¿Sientes que necesitas una limpieza energética?


Si sientes que necesitas una limpieza energética más profunda y prefieres que alguien te acompañe en ese proceso, puedes contactarme por WhatsApp o a través de la web www.maipareja.com y contarme brevemente qué estás sintiendo. A partir de ahí podemos valorar qué tipo de trabajo puede ser más adecuado para ti.





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