top of page

Miasmas y enfermedad: qué son realmente y por qué no determinan tu salud

Cuando se habla de miasmas, es fácil que aparezca una inquietud de fondo. El término suele asociarse a enfermedad, a algo grave o incluso a una especie de diagnóstico energético encubierto. Sin embargo, esa asociación es precisamente la que conviene deshacer desde el principio, porque no se corresponde con cómo funcionan realmente los miasmas en el campo energético.



Un miasma no es una enfermedad, ni implica que una persona tenga que enfermar. Es una predisposición energética del terreno, una condición del campo que indica cómo tiende a responder el sistema cuando pierde equilibrio, no lo que necesariamente va a ocurrir. Esta distinción es fundamental, porque cambia por completo la forma de entenderlos y, sobre todo, la forma de vivirlos.


Dicho de manera clara: tener miasmas no significa estar enferma. En cambio, una persona que está enferma sí va a presentar miasmas. No porque los miasmas “causen” la enfermedad de manera directa, sino porque la enfermedad implica que el campo energético ha estado desregulado durante un tiempo suficiente como para que aparezcan morbosidades profundas en el terreno. La relación no es simétrica ni determinista: la enfermedad implica miasmas, pero los miasmas no implican enfermedad.


Los miasmas funcionan como una especie de condición de base del campo energético. No actúan todo el tiempo, no se expresan de forma constante ni uniforme, y no tienen por qué manifestarse en todos los planos. Pueden permanecer latentes durante largos periodos, sin generar ningún problema visible, y activarse solo cuando el sistema pierde capacidad de compensación: por estrés prolongado, agotamiento, duelo, enfermedad, sobrecarga emocional o situaciones sostenidas de desequilibrio.

Por eso es importante entender que un miasma no se manifiesta siempre ni de la misma manera. Cuando está presente, puede expresarse a nivel físico, emocional o mental, pero no necesariamente en los tres. Incluso dentro de un mismo plano, la expresión puede ser parcial. Una persona puede tener un miasma activo y manifestarlo únicamente como una tendencia al cansancio en determinados momentos, otra como una respuesta emocional concreta bajo presión, y otra como una forma repetitiva de pensamiento cuando pierde estabilidad. No todos los patrones asociados a un miasma aparecen, ni tienen por qué aparecer nunca.

Aquí es donde suele producirse uno de los mayores malentendidos: leer los miasmas como listas cerradas de síntomas o rasgos. Esa lectura lleva a la identificación excesiva y al miedo innecesario. En realidad, los patrones asociados a un miasma son posibilidades de expresión, no un conjunto obligatorio de manifestaciones. El miasma no “decide” cómo se expresa; lo hace el estado general del campo energético, su fortaleza, su capacidad de regulación y el contexto vital de la persona.

Esto explica también por qué dos personas con los mismos miasmas pueden no parecerse en absoluto, o por qué una misma persona puede vivir esa predisposición de formas muy distintas a lo largo de su vida. El miasma no define la identidad ni el carácter, sino la tendencia del sistema cuando pierde equilibrio. Mientras el campo se regula bien, esa predisposición puede no hacerse visible en absoluto.


Cuando hay enfermedad, lo habitual es encontrar varios miasmas coexistiendo. Esto no significa que cada miasma corresponda a una patología concreta ni que exista una relación directa entre uno y otro. Significa que el terreno energético ha perdido coherencia de forma profunda y sostenida, y que distintas predisposiciones están activas al mismo tiempo. De nuevo, esto no es una condena ni una predicción, sino una descripción del estado del terreno en ese momento.


Entender los miasmas desde este lugar tiene un efecto tranquilizador, porque devuelve margen de maniobra. Un miasma no dice “esto te va a pasar”, sino “cuando el sistema se desregula, tiende a responder así”. Y las tendencias, a diferencia de las sentencias, pueden modificarse. El trabajo energético no busca eliminar una identidad ni borrar rasgos personales, sino reducir la fuerza de esas respuestas automáticas, devolver flexibilidad al campo y aumentar su capacidad de autorregulación.

Por eso, liberar o trabajar un miasma no significa que nunca más vaya a aparecer ningún síntoma, ningún cansancio o ninguna respuesta difícil. Significa que esa predisposición deja de ser dominante, que ya no se impone como única opción cuando algo se desordena. El sistema gana espacio para responder de otras maneras.


En definitiva, los miasmas hablan del terreno energético, no del destino de una persona. Informan sobre vulnerabilidades posibles, no sobre resultados inevitables. Comprender esto permite mirarlos sin miedo, sin identificación excesiva y sin dramatismo, y entender el trabajo energético como lo que es: una forma de acompañar al sistema para que recupere equilibrio, coherencia y capacidad de respuesta.


La limpieza energética con péndulo hebreo no solo diagnostica la presencia de miasmas en el campo energético, también los libera de raíz. Si quieres saber más sobre esto, te recomiendo leer Limpieza energética con péndulo hebreo: eliminar energías densas y recuperar tu fuerza vital.



Comentarios


bottom of page